lunes, 20 de julio de 2015

Correr en verano por la playa nos beneficia mental y físicamente

Caminar descalzo por la arena mojada es uno de los mejores ejercicios que podemos hacer para los pies

Caminar por la arena mojada de la playa es una buena forma de ejercitar los pies

Que andar por la playa es maravilloso lo sabemos. Caminar descalzo es un lujo y en esta superficie, si lo hacemos como es debido, todo son beneficios para el cuerpo cuerpo y almaEvita el estrés y combate la ansiedad, pues casi todas las terminaciones nerviosas de los pies controlan nuestras funciones vitales principales. Además andando se activa el flujo sanguíneo y mejora la circulación, las lesiones cervicales y de espalda en general.
«Paso a paso se potencia las estructuras músculo-ligamentosas, se desarrolla y potencia también las propiocepción de todos los ligamentos y se mejora la fexibilidad y movilidad articular», indica Francisco Muñoz Piqueras, especialista en Biomecánica y Cirugía del Pie de la clínica Piqueras de Madrid. «Andar por esta superficie es ideal para eliminar células muertas, porque la arena produce una exfoliación natural de la piel, y ayuda a nutrir las uñas gracias a la acción solar y del agua del mar».
Qué ganas de empezar a hacerlo. Pero con cuidado. Como nos indica Muñoz Piqueras, que se conoce al dedillo el universo de los pies, también hay cosas que pueden resultar peligrosas: «Lo primero y más importante no olvidar nunca protegerse del sol cuando se hace cualquier tipo de ejercicio y untar bien los pies con los protectores solares. Hay que tener mucho cuidado con los empeines, propensos a quemarse. Por supuesto, y desgraciadamente, la playa muchas veces esconde objetos punzantes, cristales o pinchos. Por eso hay que ir ojo avizor. Además puede aumentar el riesgo de infección de hongos y papiloma».
Por último, recomienda no abusar de las chanclas. «A pesar de estar tan de moda agrietan los talones y provocan lesiones. Muchas caídas son por culpa de este calzado que no sujeta el pie como es debido. Las lesiones más comunes son esguinces, dolores en el talón y arco del pie. A largo plazo podrían causar fracturas por estrés o, incluso, juanetes, por lo que su uso debe limitarse a playas o piscinas. No se recomiendan para personas con mucho arco o pies planos».

¿Andar o correr?

Pero no es lo mismo andar que correr. Por eso, los amantes del running, deben de tener mucho cuidado a la hora de hacer este ejercicio en la playa. Tiene beneficios pero también riesgos. Para empezar, qué mejor escenario que el mar al lado, el ruido al romper las olas, y la brisa, que ayuda a no pasar tanto calor. Además de respirar aire puro la respiración mejora gracias a la humedad, la baja presión y la temperatura. Igual que andar, correr en la orilla fortalece las piernas y ayuda a quemar más calorías de lo normal. Lógico. Es más complicado que en terreno firme y, además, las altas dosis de yodo en el entorno (agua, mar y aire) estimulan el tiroides y se acelera la quema de calorías.
«Correr en la arena reduce el impacto en todas tus articulaciones, ya que poco terrenos absorben las zancadas igual», indica Marcos Flórez, director de Estarenforma.com, entrenadores personales a domicilio y preparador físico del equipo olímpico de esgrima. «Si se hace dentro del agua reduce el impacto en el cuerpo. Eso sí, se requiere más equilibrio y coordinación, que mejoran».

Más gasto energético

Para hacernos una idea, «correr en piscina con el agua a la altura del pecho se convirtió en entrenamiento habitual de jugadores de la NBA, ya que les aporta los beneficios de correr pero sin los impactos de la carrera. Además, una superficie más blanda como el agua supone un gasto calórico entre 1.6 y 2.5 mayor que sobre otras superficies, según un estudio de La Universidad de St. Luke, en Bélgica. Pero el cuerpo debe adaptarse al suelo más blando, por eso hay que empezar poco a poco y aumentar gradualmente la duración e intensidad.
Mejor hacerlo en las zonas más húmedas, que son más firmes y no tan exigentes para los músculos. «Una buena opción es hacer carrera continua empezando por la zona húmeda e ir entrando al agua y hacerlo a diferentes profundidades.
Por ejemplo, dos minutos por la zona húmeda, dos con el agua por debajo de las rodillas, dos con el agua a mitad del muslo, dos con el agua por encima del ombligo, dos con el agua a la altura del pecho/hombros y otros dos minutos regresando por cada altura hasta terminar de nuevo por la zona húmeda.
Total unos 18 minutos que se puede hacer tanto descalzo como calzado. Esta última opción es imprescindible si es una zona con piedras, coral, etcétera. Habrá que probarlo.

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