lunes, 18 de mayo de 2015

Los astrónomos, asombrados por el hallazgo del primer cuásar cuádruple

Un equipo de astrónomos del Instituto Max Planck de Astronomía ha descubierto cuatro agujeros negros activos y muy cercanos entre sí


Un equipo de astrónomos dirigido por Joseph Hennawi, del Instituto Max Planck de Astronomía, acaba de descubrir el primer cuásar cuádruple conocido. O lo que es lo mismo: cuatro agujeros negros activos y muy cercanos entre sí. El inusual cuarteto reside en una de las estructuras más masivas jamás descubiertas en el Universo lejano, y está rodeado por una gigantesca nebulosa de gas denso y frío.
El hecho de que sólo exista una posibilidad entre diez millones de hacer un descubrimiento semejante es algo que, seguramente, obligará a los cosmólogos a revisar sus modelos sobre la evolución de los cuasares y la formación de las estructuras cósmicas más masivas. Los resultados de la investigación se han publicado en «Science».
Los cuasares constiyuyen una breve etapa de la evolución de las galaxias, y se alimentan de la materia que cae en los agujeros negros supermasivos que hay en los centros galácticos. Pero durante esta breve fase, los cuasares son los objetos más luminosos de todo el Universo, cientos de veces más brillantes que las galaxias a las que pertenecen, a pesar de que éstas contengan cientos de miles de millones de estrellas.
Estos periodos de «súper luminosidad», sin embargo, suponen apenas una pequeña fracción de la vida de una galaxia. Y es por eso que descubrir un cuásar se considera una gran suerte entre los investigadores. Los cuasares, en efecto, son muy raros de ver, y además suelen estar separados por distancias de cientos de millones de años luz los unos de los otros. Por eso, un cuásar cuádruple podría considerarse como el equivalente espacial de un trébol de cuatro hojas. Y las posibilidades de descubrir uno de han estimado en apenas una entre diez millones.
¿Cómo es posible que los científicos hayan sido tan afortunados en esta ocasión? La respuesta, probablemente, viene del entorno que rodea a este singular cuarteto. Los cuatro cuasares están rodeados por una gigantesca nebulosa de hidrógeno muy denso y frío, que emite luz debido a la radiación que recibe de los propios cuasares. Además, tanto el cuarteto como la nebulosa residen, a su vez, en un extraño rincón del Universo en el que existe una cantidad sorprendentemente grande de materia. «Hay en esta región varios cientos de veces más galaxias de las que se eperaría ver a esas distancias», asegura J. Xavier Prochaska, de la Universidad de California en Santa Cruz y director de la investigación en el Observatorio Keck, en Hawaii.
Dado el número excepcionalmente alto de galaxias, la zona se parece a las aglomeraciones galácticas de la actualidad, conocidas como cúmulos, y que se dan en el Universo actual. Un tipo de agrupación que, sin embargo, no existía aún en el joven Universo a 10.000 millones de años luz, que es la distancia a la que se encuentra el sistema de nosotros. Según los investigadores, «si te encuentras con algo que, según la visión científica, es altamente improbable, solo puedes llegar a una de estas dos conclusiones: o has tenido mucha suerte, o necesitas modificar tus teorías».
Una de las posibiles explicaciones es que los cuasares se produzcan cuando las galaxias colisionan o se fusionan entre sí, ya que estas interacciones son lo suficientemente violentas como para canalizar grandes cantidades de gas hacia los agujeros negros centrales. Y es mucho más facil que tales encuentros se produzcan donde el número de galaxias es mayor. Los agujeros negros supermasivos, de hecho, solo pueden brillar en forma de cuásar si pueden «devorar» una cantidad suficiente de gas.
Por otra parte, y dado el conocimiento actual que tienen los científicos sobre la formación de estructuras tan masivas como esta, la presencia de esta gigantesca nebulosa en este pobladísimo y remoto territorio galáctico resulta totalmente inesperada. Por eso, los cosmólogos se enfrentan ahora a un nuevo rompecabezas por resolver. Y es más que probable que tengan que revisar, una vez más, los modelos en los que se basa nuestra comprensión del Universo.
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