miércoles, 23 de agosto de 2017

VIDEO: Científicos logran obtener la mejor imagen de una estrella que no sea el Sol

Se trata de las imágenes más detalladas hasta la actualidad de la superficie y la atmósfera de una estrella fuera de nuestro Sistema Solar.


Astrónomos han logrado captar las imágenes más detalladas de una estrella que no sea el Sol.
Se trata de la supergigante roja Antares, conocida como el corazón de la constelación de Scorpius debido a su color rosado, perceptible a simple vista.
Antares, que se encuentra a 550 años luz de la Tierra, tiene una masa 15 veces más grande que la del Sol. Si la estrella estuviera ubicada en el centro de nuestro Sistema Solar, sus capas exteriores se extenderían hasta Marte.
La supergigante roja está perdiendo rápidamente el material que rodea el espacio, ya que se expande hacia el exterior. La estrella se encuentra en la última fase de su vida antes de convertirse en una supernova. 

Sin embargo, hasta ahora se desconoce el proceso exacto por el cual las estrellas gigantes pierden la masa de su atmósfera superior. Las últimas imágenes tratan de abordar esta cuestión mediante la cartografía de los movimientos de material de superficie en detalles complejos.

KEIICHI OHNAKA / EUROPEAN SOUTHERN OBSERVATORY / AFP

El Telescopio Extremadamente Grande

Para obtener estas imágenes de la superficie y la atmósfera de una estrella fuera de nuestro Sistema Solar, los científicos recurrieron al Telescopio Extremadamente Grande (ELT, por sus siglas en inglés) del Observatorio Europeo Austral.
El ELT constituye un sistema de cuatro telescopios de ocho metros cada uno, capaces de funcionar de forma combinada como un solo instrumento, con lo cual constituyen el mayor telescopio óptico en el mundo (de ahí su nombre). El mismo posee una resolución equivalente a la de un espejo de hasta 200 metros de diámetro.

Una turbulencia inesperada 

Las observaciones, publicadas en la revista 'Nature', revelan una turbulencia inesperada en la atmósfera exterior de la estrella. Estos movimientos ascendentes y descendientes de gas no pueden ser explicados por corrientes de convección, donde el flujo de gas transfiere calor desde el núcleo hasta los límites exteriores de una estrella.
Por el momento, esto tiene una sola traducción: que en las entrañas de Antares bulle una fuerza poderosa y hasta ahora desconocida para los astrónomos.


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Las ondas gravitacionales se adentran por fin en el nacimiento de los agujeros negros

Una investigación sugiere que el origen de los agujeros negros binarios está en estrellas independientes que se unieron después de su muerte

Las ondas gravitacionales contienen información sobre los cuerpos que las originan - LIGO

La primera detección de la historia de las ondas gravitacionales, anunciada en febrero de 2016, consiguió dos importantes logros. Confirmó que Einstein estaba en lo cierto cuando predijo que el Universo era surcado a la velocidad de la luz por distorsiones del espacio tiempo, e inauguró una nueva era en la Astronomía. Si a partir de los setenta la detección de rayos X permitió conseguir un nuevo sentido para observar las profundidades del espacio, en los años venideros se espera que las ondas gravitacionales permitan descubrir mucho sobre aquello que no podemos ver bien: por ejemplo los agujeros negros o las etapas tempranas del Big Bang.
En total, las ondas gravitacionales se han detectado en tres ocasiones, lo que ha permitido comprobar que la tecnología es madura. Además, en cuestión de un año o dos, dos nuevos detectores (Virgo y KAGRA) trabajarán a pleno rendimiento en la tarea de cazarlas. Este miércoles, los científicos podrían estar ante el primer descubrimiento de esa nueva era en la Astronomía. Investigadores de la Universidad de Birmingham han usado las ondas gravitacionales detectadas en tres ocasiones, más una cuarta, para sugerir cuál es el origen de los agujeros negros binarios. Tal como han concluido en Nature, su origen parece estar relacionado con el encuentro de agujeros negros formados tras la muerte de estrellas independientes. Además, han explicado que con tan solo diez detecciones en total, se podría concluir con certeza cómo se forman estos objetos.

Los agujeros negros son entidades muy esquivas y difíciles de entender. Se caracterizan porque a partir de un cierto punto de su «superficie», el llamado horizonte de sucesos, toda (o casi toda) la información está atrapada y no sale al exterior. Por eso, solo hay dos propiedades muy sencillas para explicar su comportamiento: se trata del giro o momento angular y de la masa.
Esto se extiende a los sistemas donde dos agujeros negros giran en torno a un centro de gravedad común, unos objetos que se cree que están presentes en el Universo en un número de decenas de millones. En efecto, los investigadores explican su origen a partir del giro y la masa.

El huevo y la gallina

El debate es muy técnico, pero se asemeja a la paradoja del huevo y la gallina: ¿qué va antes? En el caso de los agujeros negros, la pregunta es si dos estrellas que giraban una en torno a la otra se transformaron en agujeros negros, o bien si estrellas independientes, comenzaron a interaccionar después de colapsar y de convertirse en estos misteriosos objetos. Una tercera opción es que los agujeros negros no procedan de la muerte de estrellas, sino que se hayan formado a partir de la acumulación de plasma en las etapas tempranas del Universo.
El equipo de Will Farr, investigador de la Universidad de Birmingham, ha examinado estos escenarios a la luz de las ondas gravitacionales.
Cada una de estas hipótesis tiene varias implicaciones. Si los agujeros provienen de una estrella binaria, en la que sus dos miembros han muerto y colapsado, ambos deberían tener el giro alineado y además girar muy rápido. ¿Qué quiere decir esto? Que en relación con el eje de la órbita entre los dos agujeros, el eje de rotación de los propios cuerpos es perpendicular, tal como se aprecia en la imagen de abajo, a la izquierda. (En el Sistema Solar esto no ocurre en la Tierra, puesto que su eje de rotación está inclinado en comparación con el eje de su órbita en torno al Sol).
Si los agujeros provienen de una estrella binaria, su rotación debería de estar alineada con la órbita (izquierda). A la derecha no aparece este alineamiento, lo que sugiere que el origen es otro- STEINN SIGURÐSSON/NATURE

También podría ocurrir otra cosa: que los agujeros negros se hubieran formado separadamente, en un lugar atestado de estrellas, como puede ser un cúmulo. A la muerte de dos estrellas, las interacciones con los vecinos estelares y su distinto origen conllevarían que su eje de giro no estuviera alineado. En este caso, además, el giro podría ser muy rápido o muy lento.


Tal como ha explicado Steinn Sigurdsson en un artículo que ha acompañado en Nature a la publicación de Farr, hay una tercera opción. Los agujeros negros binarios podrían haberse formado justo después del Big Bang, en concreto en un entorno caliente y dominado por un denso plasma, y no tras la muerte de estrellas. Si esto fuera cierto, los agujeros negros binarios que vemos hoy en día tendrían un giro no alineado y lento.
Will Farr ha investigado todo lo que ha podido sobre el giro y el alineamiento de los agujeros negros binarios para desvelar este misterio y tratar de dilucidar cuál es el escenario más probable. Después de usar las señales de ondas gravitacionales detectadas hasta ahora, (GW150914, GW170104 y GW151226), junto a una última, la candidata a señal LVT151012, Farr ha sugerido que estos objetos giran rápidamente y de forma no alineada, lo que es compatible con la idea de que estos sistemas se formaron a partir de estrellas individuales que colapsaron antes de convertirse en un sistema binario.
El hallazgo no es inequívoco porque hay varios puntos oscuros. Hay incertidumbres en relación con la precisión con la que se ha medido el giro de los agujeros negros, podría ocurirr que los detectados hasta ahora no fueran representativos de la población y además podría haber muchas explicaciones o bien muchos tipos de agujeros negros binarios. En todo caso, los autores consideran que será posible concluir con confianza cuál es el origen de los agujeros negros binarios, o al menos saber cuál es el mecanismo predominante, con tan solo diez nuevas detecciones de ondas gravitacionales procedentes de la fusión de agujeros. La lenta carrera hacia lo desconocido continúa, esta vez «a lomos» de las ondas predichas por Einstein.

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¿Existen las 'lluvias de diamantes'?: Unos científicos demuestran que son posibles

Investigadores de la Universidad de Stanford recrean las 'lluvias de diamantes' que tendrían lugar en Urano y Neptuno, los gigantes de hielo del Sistema Solar.


Diversos astrofísicos estimaban que Urano y Neptuno, los planetas gigantes de hielo, ostentan condiciones necesarias para registrar el fenómeno conocido como 'lluvias de diamantes' y científicos de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos) han recreado ese acontecimiento en el laboratorio mediante un sistema combinado de rayos láser de alta potencia.
Alrededor de un núcleo sólido se asienta una capa lodosa de hielos diferentes, tanto de agua como de amoníaco y de metano. En este ambiente, la presión extrema exprimiría elementos como el hidrógeno y el carbono y los convierte en diamantes sólidos, que caerían como lluvia hacia el núcleo del planeta.
Esos especialistas lograron la alta presión necesaria para que se podujera esa cristalización mediante dos láseres —uno de alta potencia y el otro de rayos X de electrones libres— y utilizaron un material plástico conocido como poliestireno para simular una atmósfera rica en metano, según han detallado en un estudio publicado en la revista 'Nature Astronomy'
La combinación de los pulsos de rayos X con rayos de un láser óptico de alta potencia aplicada sobre ese material plástico se tradujo en la formación de diamantes de pocos átomos de tamaño.  Sin embargo, esas 'lluvias de diamantes' producirían cuerpos de gran tamaño en Neptuno.

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Fuertes nevadas nocturnas sacuden Marte

Científicos franceses y estadounidenses concluyen que las tempestades de nieve son resultado de la inestabilidad atmosférica derivada de la refrigeración radiactiva de las partículas de las nubes.


Un grupo de científicos encabezado por Aymeric Spiga, del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, ha concluido que en Marte se forman nubes de hielo seco a una altura de 10 kilómetros de la superficie, que desencadenan tormentas de nieve, informa la revista 'Nature Geoscience'.
"La cantidad de agua en general es bastante pequeña, por lo que no sería posible construir muñecos de nieve en Marte con eso […], no sería posible instalar una estación de esquí", explicó Spiga a 'The Los Angeles Times'.

En lugar de ver una espesa manta de nieve, los investigadores creen que los aguaceros en el planeta rojo crearían una densa capa de escarcha sobre la superficie marciana.

Procesos nocturnos

Según se desprende de la investigación, las nevadas pueden explicar la mezcla de capas atmosféricas que tiene lugar por las noches. Según los científicos, este fenómeno es resultado de la inestabilidad atmosférica derivada de la refrigeración radiactiva de las partículas de las nubes.

La convección nocturna en las nubes de Marte y las precipitaciones de nieve trasladan el agua por encima y por debajo de las capas. Según los investigadores, este proceso influye en los ciclos acuáticos del pasado y de la actualidad en Marte.
Spiga también subrayó que las condiciones nocturnas, favorables para una fuerte convección, asemejen las nubes marcianas a las sulfúricas y ácidas de Venus.  
Para una mejor comprensión del proceso, los especialistas presentaron un modelo atmosférico en el que se expone detalladamente la mezcla de capas que ocurre durante la noche.
El descubrimiento contribuirá al desarrollo de los estudios del planeta rojo, de los ciclos acuáticos en particular, y en las investigaciones del espacio en general.

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Detectan una nube de alcohol en una galaxia cercana gracias a las microondas que emite

Este tipo de fenómenos están vinculados con las formaciones de estrellas de alta masa.


Un grupo de científicos de la Universidad de Tasmania ha descubierto las líneas espectrales de microondas emitidas por una nube gigante de alcohol metílico, o metanol, dirigidas hacia la galaxia NGC 4945, ubicada en la constelación Centaurus a 12 millones de años luz de la Tierra. Este tipo de fuentes de emisión de microondas se denomina máser astrofísico y está vinculado con la formación de estrellas de alta masa. El estudió ha sido publicado en la biblioteca en línea arxiv.org.
El tipo de máser hallado, de primera clase, es abundante en nuestra galaxia, donde suman más de 1.200. Sin embargo, es solo el cuarto hallado fuera de la Vía Láctea.
Asimismo, se trata de la tercera emisión de metanol externa a nuestra galaxia que goza de una extraordinaria luminosidad de 36.2 GHz: cinco órdenes de magnitud más brillante que los másers en la Vía Láctea y 90 veces más brillante que la procedente de la zona molecular central de la misma, informa Phys.org.
Los investigadores esperan que el consiguiente estudio de esta emisión permita entender mejor los procesos de formación de nuevas estrellas, y contribuya a revelar y comprobar la existencia de regiones donde ocurren estos procesos.

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jueves, 17 de agosto de 2017

Detectan por primera vez el «asesinato» termonuclear de una estrella

Sorprenden «in fraganti» a una supernova engullendo a una estrella compañera. Esto permitirá comprender mejor la cuasa de las supernovas de tipo Ia

Remanente generado tras una explosión de supernova de tipo Ia - NASA/CXC/U.Texas

Los astrónomos han logrado observar un evento cósmico del que hasta ahora apenas se tenían indicios. Por primera vez, han observado las etapas más iniciales de una explosión de supernova, en las que una gran ola de gas y energía engullen a una estrella vecina. Las observaciones, que han sido logradas gracias al telescopio robótico PROMPT (Chile), han sido publicadas recientemente en The Astrophysical Journal Letters, tal como ha informado la Universidad de Arizona.
«Ha sido una de las "capturas" más tempranas logradas. La explosión –de supernova– comenzó apenas un día o unas horas antes», ha explicado David Sand, astrónomo de la Universidad de Arizona y coautor de la investigación.

El fenómeno detectado es una supernova de tipo Ia, una explosión termonuclear ocurrida en el núcleo abandonado de una estrella muerta, y que se llama enana blanca. Estas gigantescas explosiones, que pueden hacer que en el cielo aparezca un nuevo punto de luz, se producen cuando una enana blanca atrapa el gas de una estrella compañera en un sistema binario (formado, efectivamente, por dos estrellas). Llegado cierto momento, la temperatura de la enana blanca sube tanto como para iniciar reacciones de fusión nuclear. Estas pueden activar una gran explosión termonuclear capaz de destruir a ambas.

Simulación de una supernova de tipo Ia engullendo a una estrella. El choque entre ambas emite un pico de luz ultravioleta- Dan Kasen

Aunque los astrónomos han obtenido una inquietante diapositiva del momento preciso en que la supernova comienza a engullir a su estrella compañera, este «crimen» ocurrió hace millones de años. El evento, al que han designado como SN 2017cbv, tuvo lugar en la galaxia NGC 5643, y a una distancia de 55 millones de años luz. Por eso no ha sido hasta ahora, en concreto hasta el 10 marzo, cuando los astrónomos han podido observar el comienzo de la explosión de la supernova. A pesar de la increíble distancia a la que se encuentra el estallido, este fenómeno se ha convertido en una de las supernovas más cercanas detectadas en los últimos años.
La premura de los astrónomos ha sido clave. En primer lugar fue detectada por el proyecto del sondeo DLT 40, que en inglés quiere decir «distancias inferiores a los 40 Megaparsecs», y que se especializa en distancias inferiores a 120 millones de años luz. Este sondeo usa una red de telescopios que cada noche sigue de cerca el comportamiento de 500 galaxias.
La supernova SN 2017cbv, a las afueras de la galaxia NGC 5643- B.J. Fulton/Caltech

Entre todos ellos, el PROMPT fue el primero en detectar el evento. En respuesta y en apenas cuestión de minutos, el astrónomo David Sand activó otra red de telescopios, la LCO («Las Cumbres Observatory»), para vigilar de cerca la evolución de la explosión SN 2017cbv.




La causa de las explosiones de estrellas

Estas observaciones pueden ayudar a comprender mejor cuál es el origen de las supernovas de tipo Ia, un fenómeno cuya naturaleza se ha debatido durante 50 años. «Para convertirse en una supernova de tipo Ia, una enana blanca no puede lograrlo por sí sola. Necesita algún tipo de compañera, y estamos tratando de averiguar cómo es esta», ha dicho David Sand.
Una teoría dice que estas supernovas ocurren cuando una enana blanca atrapa el gas de una estrella vecina. Otras que pueden ocurrir cuando dos enanas blancas giran una en torno a la otra y finalmente chocan y se fusionan.
Gracias a la rápida reacción de los telescopios, los astrónomos han podido detectar una curva de luz azulada que, según los científicos, solo puede haber sido causada si la supernova se originó a partir del primer mecanismo. «Creemos que lo que pasó fue el primer escenario», ha explicado Sand. «El aumento de la curva de luz se podría haber generado cuando el material de la enana blanca golpeó a su estrella compañera».
Posible causa de las supernovas de tipo Ia: el choque entre dos enanas blancas- NASA/CXC/M.Weiss

La muerte de una gran estrella

Los datos sugieren que esta vecina es una gran estrella, que mide al menos 20 radios solares. Cuando la enana blanca estalló, el gas creó una onda de choque que chocó con su compañera y emitió un pico de luz azulado y muy rico en luz ultravioleta, que no podría haber sido causado si las dos estrellas fueran enanas blancas.
«Hemos estado buscando este efecto, una supernova chocando con su estrella compañera, desde que se predijo en 2010», ha dicho Griffin Hosseinzadeh, investigador en la Universidad de California, Santa Bárbara, y primer autor del estudio. «Habíamos visto indicios antes, pero esta vez la evidencia es sobrecogedora. ¡Los datos son muy hermosos!».
Causa probable de la supernova observada: una enana blanca robó el gas de otra estrella mayor y estalló- NASA/CXC/M.Weiss

Según Sand, es probable que las supernovas de tipo Ia sean causadas por los dos mecanismos: el choque de enanas blancas, o el «robo» del gas de una estrella grande por parte de una de estas.
«Observar una supernova como SN 2017cbv es un importante paso en la dirección de entender cuál es la causa más frecuente de estas supernovas», ha dicho David sand. «Si las capturamos cuando son realmente jóvenes, podemos entender mejor estos procesos, y esto nos permitirá comprender mejor el cosmos, incluyendo el misterio de la energía oscura».
Las supernovas de tipo Ia son uno de los «faros» más usados por los astrónomos para estimar distancias en el Universo. Por término medio, solo se produce una de estas explosiones cada siglo en una galaxia como la Vía Láctea. Por eso es muy importante rastrear un número alto de galaxias y además seguir de cerca a cada una de estas supernovas, especialmente al comienzo de la explosión.

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viernes, 11 de agosto de 2017

Detectan pruebas de la Relatividad de Einstein en el monstruoso corazón de la Vía Láctea

Por primera vez, se han observado efectos relativistas en una estrella cercana a un agujero negro supermasivo

La enorme masa de Sagitario A, el agujero negro supermasivo del centro de la galaxia, deforma el espacio-tiempo y desvía las órbitas de las estrellas - ESO/M. Parsa/L. Calçada

La Física que conocemos aún no ha podido adentrarse en los agujeros negros, pero sabemos perfectamente que están ahí. Uno de ellos ayuda a mantener unido ese vertiginoso remolino de cientos de miles de millones de estrellas que es la Vía Láctea. En su centro, a unos 26.000 años luz de la Tierra, «late» un agujero negro supermasivo de cuatro millones de masas solares y que recibe el nombre de Sagitario A (o también Sgr A*). No hace falta ser creyente para sentirse maravillado: Sagitario A es un gran atractor que mata estrellashace nacer a otras nuevas.



Los astrónomos están tratando de obtener la primera imagen de la historia de su horizonte de sucesos, ese límite predicho por Einstein y a partir del cual la Física se adentra en territorio desconocido. Pero mientras esto se logra, un equipo de científicos checos y alemanes se ha fijado en las estrellas de su entorno, durante 20 años, y han encontrado evidencias de efectos relativistas, predichos por Einstein un siglo atrás. Por primera vez, los astrónomos han detectado este tipo de efectos en estrellas que orbitan a alta velocidad el entorno de un agujero negro supermasivo.
Para poder mirar tan lejos los astrónomos han tenido que «viajar» hasta el Observatorio Paranal, en el desierto de Atacama, en Chile, del Observatorio Europeo Austral (ESO). Allí los cuatro telescopios ópticos del Very Large Telescope (VLT) les han permitido detectar los sutiles movimientos de las estrellas.
Imagen del centro de la Vía Láctea (Sgr A*) y de la estrella S2- ESO/MPE/S. Gillessen et al.

Si la Relatividad de Einstein funciona, como ya han demostrado otras muchas observaciones y experimentos, el movimiento de las estrellas cercanas al agujero negro no debería ser explicado solo a través de las leyes de Newton. La gravedad y las velocidades llevan a que sea la Relatividad la que explica su posición y movimiento.

Un laboratorio en el centro de la galaxia

«El centro de la galaxia es el mejor laboratorio para estudiar el movimiento de las estrellas en un entorno relativista», ha dicho Marzieh Parsa, investigadora en la Universidad de Colonia y primera autor del estudio. «Nos sorprendió cuán bien pudimos aplicar los métodos que desarrollamos con simulaciones para obtener datos de alta precisión sobre las estrellas que giran a alta velocidad y que están más cerca del agujero negro».




Esto es exactamente lo que ha ocurrido con una estrella bautizada con el poco sugerente nombre de S2. Gracias a la precisión del VLT, y de haber podido observarla cuando se acercaba y cuando se alejaba del agujero negro, los científicos han observado que la forma y la orientación de su órbita están influidas por efectos relativistas. Además, gracias a estas observaciones, los científicos han calculado con mayor exactitud la masa del agujero y su distancia hasta la Tierra.

Efecto de la relatividad en la órbita de S2. Su trayectoria se desvía ligeramente de lo predicho por las leyes de Newton- ESO/M. Parsa/L. Calçada

En opinión de Vladimir Karas, investigador en la Academia de Ciencias de Praga, República Checa, «es muy alentador que S2 muestre comportamientos relativistas, tal como se esperaba en función de su proximidad a esas extrema concentración de masa en el centro de la Vía Láctea». Según él, estas observaciones abren un nuevo camino para nueas teorías y experimentos en este sector de la ciencia.
Esta historia continuará muy pronto. En 2018, la estrella S2 se acercará de nuevo al agujero negro supermasivo. Por entonces, un nuevo instrumento del VLT, el GRAVITY, permitirá medir su órbita con mayor precisión. Antes de que entren en funcionamiento la próxima generación de telescopios monstruosos, los astrónomos podrá medir con increíble exactitud los efectos relativistas en torno al centro de la Vía Láctea, o, por qué no, posibles desviaciones que ayuden a fundar una nueva Física, capaz de adentrarse en lo desconocido.

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domingo, 6 de agosto de 2017

Una supernova dio origen al Sistema Solar

Podría ser la causa de la composición química que hoy tienen algunos de los meteoritos más antiguos

Representación de un sistema solar lejano - NASA

Según la teoría más arraigada, la formación de nuestro Sistema Solar comenzó gracias a la poderosa onda de choque de una supernova. Tras la enorme explosión, la estrella moribunda «inyectó» una gran cantidad de materiales en la vecina nube de polvo y gas, causando su colapso gravitatorio y permitiendo así que se formaran el Sol y el resto de planetas que conocemos.
Ahora, un trabajo dirigido por el astrofísico Alan Boss, del Intituto Carnegie, ofrece. Los investigadores, en efecto, han realizado un modelo que se remonta a antes del colapso de la nube de polvo y gas y que muestra con todo detalle las diferentes fases de la formación de nuestra estrella. La investigación se ha publicado recientemente en Astrophysical Journal.

Un elemento fundamental para poner a prueba las diferentes teorías sobre la formación del Sistema Solar se esconde en la composición química de los meteoritos. Estas antiquísimas rocas espaciales retienen, de hecho, un registro completo de los elementos, los isótopos y los componentes que existieron en los primeros días de existencia de nuestro sistema planetario. Y un tipo concreto de meteoritos, las condritas carbonáceas, son las que conservan muestras de los elementos más primitivos que se conocen.

La huella del Sistema Solar primitivo

Entre todos los ingredientes del «maquillaje químico» de las condritas, destacan los llamados «isótopos radiactivos de vida corta». Los isótopos son «versiones» de un elemento con el mismo número de protones, pero con un número diferente de neutrones. A veces, como es el caso de los isótopos radioactivos, el número de neutrones presentes en el núcleo puede hacer que el isótopo se vuelva inestable. Para recuperar la estabilidad, esos isótopos suelen emitir partículas muy energéticas, que terminan por alterar el número de protones y neutrones del núcleo y se transmutan, por lo tanto, en elementos diferentes del original.
Por supuesto, algunos de los isótopos que existían mientras el Sistema Solar se estaba formando eran radiactivos, y tenían tasas de desintegración que los hacían desaparecer en un plazo de decenas o cientos de millones de años, un tiempo breve en términos astronómicos. El hecho de que tales isótopos aún existían cuando se formaron las condritas carbonáceas es fácilmente comprobable gracias a la abundancia de los productos (estables) de su desintegración (también llamados «isótopos hijos») hallados en muchas condritas primitivas. Así, midiendo la cantidad de estos «isótopos hijos», los científicos pueden saber cuándo, y posiblemente cómo, esas condritas llegaron a formarse.




Un reciente análisis de antiguas condritas, llevado a cabo por Myriam Telus, también del Instituto Carnegie, se fijó en concreto en el hierro-60, un isótopo radiactivo de vida corta y que se desintegra en niquel-60. Este isótopo solo se crea en presencia de una gran cantidad de reacciones nucleares, como las que se dan en los núcleos de ciertas estrellas o en las explosiones de tipo supernova.
Dado que todo el hierro-60 que pudiera haber existido durante la formación del Sistema Solar se desintegró hace mucho tiempo, el equipo de Telus se centró en la búsqueda de su producto «hijo», el níquel-60. La cantidad de niquel-60 hallada en muestras de meteoritos (en comparación con la cantidad del normal y estable de hierro-56), puede indicar qué cantidad de hierro-60 había originalmente en el meteorito.

El hierro 60 apunta a una supernova

Resulta que no hay muchas opciones de cómo un exceso de hierro-60 (que luego decayó en níquel-60) podría haberse metido en un objeto del Sistema solar primitivo. Y una de esas opciones es una supernova.
De este modo, y aunque los investigadores no han encontrado aún la prueba directa de que los isótopos radiactivos fueron «inyectados» en la nube primordial de polvo y gas por la onda de choque de una supernova, Telus sí que logró demostrar que la cantidad de hierro-60 presente en el Sistema Solar primitivo es consistente con la hipótesis de una supernova.
Teniendo en cuenta estos nuevos hallazgos, Boss revisó sus primeros modelos de colapso gravitatorio provocado por una onda de choque, y los extendió hasta abarcar antes del comienzo del colapso y a través de los estadios intermedios de la formación estelar, cuando se creó el Sol, lo que constituye un importante avance para dilucidar cómo fue exactamente el origen de nuestro Sistema Solar.
«Mis hallazgos -explica Boss- indican que la onda de choque de una supernova es la explicación más plausible para la presencia de isótopos radiactivos de vida corta en el Sistema Solar».

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Un eclipse oscurecerá la Luna mañana

A partir de las 21.20 horas el satélite se teñirá de «marrón rojizo»

Eclipse en Hungría - EFE

El segundo eclipse lunar de este año se producirá este lunes, 7 de agosto, y podrá verse en España a partir de las 21.10 horas –justo cuando salga la Luna y se ponga el Sol–. Con motivo del eclipse, la Luna se verá teñida de un «marrón rojizo» durante aproximadamente dos horas, hasta las 23.10 y 23.30 horas, según asegura a Europa Press el astrónomo René Damian Duffard.
Este «marrón rojizo» creará un «bonito efecto» en el satélite que irá poco a poco desapareciendo hasta en torno a las 23.10 y las 23.30 horas. «A medida que vaya subiendo la Luna, vamos a ver cómo desaparece ese color», explica Duffard, que añade que después de dos horas desde su salida, la Luna podrá visualizarse en su estado «normal».

Según explica el experto, este fenómeno se produce cuando se alinean el Sol, la Tierra y la Luna, y entonces la Luna atraviesa la sombra que proyecta la Tierra, que se encuentra entre ambos astros. Este fenómeno, que sólo puede producirse cuando la Luna está en fase llena, será parcial desde la mitad Este de la península y penumbral desde la mitad Oeste.
Así, en el caso de España, el eclipse se verá de manera parcial, lo que explica que la Luna se tiña de un «marrón rojizo», mientras que en otros puntos, como por ejemplo, África, la Luna saldrá teñida de un «rojo muy intenso».
Exactamente, el eclipse será visible en Australia, Asia, África y Europa, y que desde España se podrá ver sus últimas fases, con magnitudes de 0,5 en las islas Canarias, 0,3 en el sureste de la península y 0,2 en el interior y el norte peninsular. Por el contrario, en las islas Baleares y el extremo oriental de la península no será visible.
Para poder ver este evento, Duffard recomienda ir «ir a un lugar alto donde se pueda ver el horizonte», que no hace falta que sea un «lugar oscuro», y advierte de que es posible que la gente crea que el color rojizo del astro se debe a que saldrá por el horizonte, cuando en realidad será por el eclipse.
El primer eclipse lunar del año se produjo en la noche del 10 al 11 de febrero, y fue de tipo penumbral. El día 21 de agosto se producirá el segundo eclipse de Sol del año, que en España se podrá observar a última hora de la tarde y que se verá en su totalidad en el centro de estados Unidos en una línea que atravesará el país de Oeste a Este.

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Localizan una nueva huella de los orígenes: los primitivos asteroides oscuros

Tienen 4.000 millones de años de edad y son los más antiguos del Cinturón de Asteroides

Los asteroides nacieron a partir de la fractura de planetesimales - NASA

Entre la enorme masa de Júpiter y la presencia del pequeño planeta Marte hay una región de equilibrio donde se han quedado rezagados parte de los restos de la formación del Sistema Solar: el cinturón de asteroides.
Tal como ha informado Sciencemag.org, un artículo publicado esta semana en Science ha revelado que una parte de estas rocas han estado girando ahí desde los primeros días de vida del Sistema Solar. Después de reconstruir la forma de los antiguos planetesimales, los primitivos fragmentos que chocaron entre sí y generaron planetas o asteroides, han descubierto que entre los restos hay un grupo de asteroides muy antiguos, a los que se les conoce como asteroides oscuros, que pueden aportar nueva información sobre los orígenes de nuestro sistema planetario.

Al contrario que los otros asteroides, que son más brillantes y más reflectivos, los asteroides oscuros tienen órbitas más abiertas y no son tan visibles.
Después de haber sumado los tamaños de los asteroides oscuros de la actualidad, los investigadores han llegado a la conclusión de que los planetesimales oscuros correspondientes, fragmentos que originaron estos asteroides cuando se fracturaron, aparecieron hace 4.000 millones de años, haciendo que estas rocas sean una de las familias más antiguas del cinturón de Asteroides. De hecho, se calcula que la mayoría se formó hace 1.000 millones de años.
Con esta información, los investigadores han concluido que los planetesimales oscuros de los orígenes no eran más menores a 35 kilómetros de largo, lo que tiene implicaciones a la hora de entender cómo se formaron los asteroides de la región y cómo influyeron en la evolución del Sistema Solar.

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