lunes, 26 de junio de 2017

La NASA descubre diez nuevos planetas que podrían albergar vida

El telescopio espacial Kepler ha detectado 219 candidatos a exoplanetas, diez de ellos de tamaño similar a la Tierra y en la zona de habitabilidad de sus estrellas

Estos diez exoplanetas están a una distancia de sus estrellas que les permite tener agua en superficie, siempre y cuando su atmósfera sea adecuada - NASA/JPL-Caltech

La NASA ha ampliado este lunes su catálogo de exoplanetas, planetas situados en estrellas más allá del Sol, con la publicación de 219 nuevos cuerpos. Tal como anunció la agencia espacial estadounidense, en una rueda de prensa celebrada en el Centro Ames de Investigación, en California (EE.UU.), diez de estos 219 exoplanetas podrían tener una temperatura compatible con la presencia de agua en superficie y, por tanto, algunas de las condiciones necesarias para albergar vida.
Con esta ampliación, la NASA elevó hasta 4.034 el número de posibles exoplanetas descubiertos por el telescopio espacial Kepler, 50 de los cuales parecen tener un tamaño similar a la Tierra y podrían tener agua en superficie. Sin embargo, todos estos son solo candidatos a exoplanetas hasta que nuevas observaciones confirmen su presencia. Hasta el momento, solo se ha verificado la existencia de 2.335 exoplanetas, y solo 30 de estos podrían albergar agua.


Dos poblaciones de planetas

El catálogo se ha elaborado gracias a cuatro años de observaciones llevadas a cabo por el telescopio espacial Kepler en una pequeña franja del cielo de la constelación del Cisne. Estas últimas observaciones son muy relevantes para comprender cómo es el «vecindario» de los planetas de la Vía Láctea. Gracias a ellas, se sospecha que la mitad de los exoplanetas pequeños son rocosos y normalmente tienen un tamaño un 75 por ciento mayor que el de la Tierra. La otra mitad está formada por planetas gaseosos, que capturan importantes cantidades de helio e hidrógeno del espacio y que resultan ser un poco más pequeños que Neptuno.
«Comprender la frecuencia de los planetas en la galaxia ayudará a diseñar las futuras misiones de la NASA para buscar directamente otra Tierra», dijo Mario Pérez, científico de la División Astrofísica del Directorado de Misiones Científicas.
De hecho, tal como dijo Susan Thompson, investigadora del telescopio Kepler y científica del Instituto de Búsqueda de Vida Inteligente (SETI), «este cuidadoso catálogo es el primer paso para contestar directamente a una de las preguntas más importantes de la astronomía: ¿cuántos planetas como la Tierra hay en la galaxia?».

Zoología de planetas

Para lograr responder a esta pregunta, los científicos usaron el telescopio del Observatorio Keck (en Hawái, EE.UU.) para medir el tamaño de 1.300 estrellas situadas en el campo de visión de Kepler. Después estimaron el radio de 2.000 exoplanetas con una precisión exquisita.
«Nos gusta pensar que estamos clasificando planetas de la misma forma en que los biólogos identifican nuevas especies de animales», dijo Benjamin Fulton, primer autor del estudio que ha analizado la composición de la población de los exoplanetas. «En este sentido, descubrir dos grupos distintos de exoplanetas es como descubrir que los mamíferos y los lagartos pertenecen a dos ramas distintas de un árbol familiar».
Esta es la octava actualización del catálogo de Kepler, y ha sido elaborado gracias a un nuevo procesamiento de los datos recogidos durante cuatro años de trabajo.

Cuando un planeta tapa a su estrella

El telescopio espacial Kepler es capaz de detectar nuevos planetas por medio de tránsitos, que son un fenómeno que ocurre cuando el brillo de las estrellas desciende sutilmente (cerca de un uno por ciento) cuando un planeta pasa delante de ellas. Cuando esto pasa periódicamente, y siempre teniendo en cuenta el tipo de estrella que se observa y el tamaño que tiene, los astrónomos pueden estimar la duración de las órbitas de los planetas, y por tanto su composición y tamaño. Sin embargo, en muchos casos es necesario esperar años hasta poder confirmar que las estimaciones hechas realmente se cumplen.
Actualmente, el telescopio espacial Kepler está observando otra región del cielo, en la que busca exoplanetas, explora cúmulos estelares o recopila información de Trappist-1, el interesante sistema solar con siete planetas de tamaño parecido a la Tierra.
Posible aspecto de un exoplaneta de Trappist-1. Hasta que no se analice la atmósfera de uno de estos planetas, imágenes como esta son meras elucubraciones- NASA/JPL-Caltech

Entender la composición de la población de exoplanetas en las estrellas vecinas es el primer paso para cartografiar la Vía Láctea. Pero si se quiere averiguar más sobre si es posible encontrar vida más allá de la Tierra, resulta fundamental analizar las atmósferas de los exoplanetas, puesto que estas son cruciales para decidir si esta podrá existir allí o no.
La atmósfera es la causante de que haya vida en la Tierra pero no en Marte (un frío desierto) ni en Venus (un auténtico infierno), aunque los tres planetas estén en la zona de habitabilidad del Sol, en la que teóricamente sería posible encontrar agua líquida en superficie.
Por delante queda una tarea ingente. Solo un pequeño porcentaje de los planetas existentes pueden ser detectados a través de tránsitos, que ocurren cuando la órbita sitúa a los planetas entre la Tierra y sus estrellas, pero otros muchos no tapan a sus estrellas y no pueden ser detectados. En este sentido, aunque es difícil hacer estimaciones, se considera que solo en la Vía Láctea debe de haber decenas de miles de millones de planetas de tamaño similar a la Tierra.

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domingo, 25 de junio de 2017

La NASA, a punto de descubrir vida extraterrestre

El Administrador asociado de la agencia espacial, Thomas Zurbuchen, lo afirma ante un comité del Congreso de los Estados Unidos

Ilustración de uno de los siete mundos de TRAPPIST-1, anunciados por la NASA el pasado Febrero - NASA

"Teniendo en cuenta las diferentes actividades y misiones que hoy están buscando, específicamente, pruebas de vida extraterrestre, puedo decir queestamos a punto de hacer uno de los descubrimientos más profundos y sin precedentes de toda la historia".
Estas palabras, pronunciadas el pasado 29 de abril por Thomas Zurbuchen, Administrador Asociado del Directorio de Misiones Científicas de la NASA, ante el Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, dejan poco lugar para la duda. La NASA, en efecto, parece estar más convencida que nunca de que "la gran noticia" no tardará en llegar.

En su declaración ante el comité del del Congreso norteamericano, que puede verse en este enlace, Zurbuchen explicó, entre otras cosas, que avances como el reciente hallazgo de hidrógeno en la luna de Saturno Encelado, o los prometedores resultados del Telescopio Espacial Hubble en su análisis de los océanos de metano de la luna Europa, en Júpiter, o los resultados del rover Curiosity en Planeta Rojo, "que ha hallado evidencias de que Marte tuvo en el pasado la química adecuada para sustentar los ingredientes de la vida", son signos más que evidentes de que estamos"más cerca que nunca" de descubrir vida fuera de nuestro planeta.
"La búsqueda de vida en otros lugares- dijo Zurbuchen en su declaración- es un asunto interdisciplinario y en el que la colaboración es una necesidad. Para participar plenamente en esta búsqueda, es necesaria la convergencia de áreas como la biología, la heliofísica, las Ciencias de la Tierra, la astronomía, las ciencias planetarias y la búsqueda astrofísica de planetas similares a la Tierra que pudieran dar señales de vida. Juntos, los investigadores de todos estos campos están explorando una de las mayores cuestiones de nuestro tiempo".
"Más allá de nuestro sistema solar -prosigue Zurbuchen-, las misiones de la NASA están llevando a cabo una profunda transformación de nuestra comprensión de los planetas alrededor de otras estrellas, o exoplanetas. (...) Ahora, con misiones de la NASA como los telescopios espaciales Kepler y Spitzer, hemos descubierto más de 3.400 exoplanetas, y hay miles de millones más esperando a ser descubiertos solo en nuestra galaxia. El pasado febrero, el equipo del Spitzer anunció el hallazgo de siete mundos del tamaño de la Tierra, el mayor número encontrado hasta ahora alrededor de una única estrella, llamada TRAPPIST-1. Y tres de ellos están firmemente asentados en la zona habitable, el área alrededor de su estrella en el que un planeta rocoso puede albergar agua líquida. (...). Dado que las observaciones y el seguimiento de estos hallazgos están en una fase inicial, y al hecho de que se producen nuevos descubrimientos todas las semanas, puedo decir que lo mejor está aún por venir".

Misiones futuras

Para el Administrador Asociado de la NASA, los telescopios Spitzer, Hubble y Kepler seguirán ayudando a los astrónomos cuando éstos empiecen a utilizar el Telescopio Espacial James Webb, que se lanzará en 2018: "Con una sensibilidad mucho mayor, el James Webb será capaz de detectar las huellas químicas del agua, el metano, el oxígeno, el ozono y otros componentes de las atmósferas planetarias. Y también analizará las temperaturas y presiones superficiales de esos planetas, factores clave para determinar su habitabilidad".
"El año próximo -aseguró Zurbuchen- también se lanzará la misión Transiting Exoplanet Survey Satellite (TESS), que estudiará todo el cielo en busca de planetas cercanos, y a mediados de 2020 lanzaremos también el Wide Field Infrared Survey Telescope (WFIRST), que podrá obtener imágenes directas de los exoplanetas y estudiar su química atmosférica usando la luz que reflejan de sus estrellas".
Más adelante, irán llegando misiones cada vez más específicas y complejas. Ante los miembros del Comité del Congreso, Zurbuchen dijo que "la NASA está estudiando conceptos de misión que irán incluso más allá de estas misiones a corto plazo". Entre ellas, se incluyen la "Habitable Exoplanet Imaging Mission y la Large Ultraviolet/Visible/Infrared Surveyor, que operarán desde el infrarrojo hasta el ultravioleta, o el Telescopio Espacial Origins", que podrá observar el cielo en el infrarrojo medio".
"Para la astrobiología, -concluyó Zurbuchen- lo más importante es recordar que la respuesta a la pregunta de “¿hay vida ahí fuera?” requerirá avances científicos de muchos campos de la ciencia diferentes, incluyendo los que no están actualmente involucrados en esta apasionante tarea".

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viernes, 23 de junio de 2017

Y por si éramos pocos... llega el «Planeta 10»

Tendría el tamaño de Marte y estaría mucho más cerca de nosotros que el «Planeta 9»

El plano orbital del «Planeta 10» estaría ligeramente inclinado respecto al de los demás mundos del Sistema Solar - Heather Roper/LPL

Un desconocido objeto (otro) de «masa planetaria» podría estar ocultándose en los bordes exteriores de nuestro Sistema Solar, según afirma un grupo de investigadores de la Universidad de Arizona tras analizar las órbitas de varios planetas menores. El nuevo objeto, a no confundir con el famoso «Planeta 9», anunciado en 2016 pero aún no descubierto, estaría mucho más cerca de nosotros que ese otro hipotético mundo aún sin confirmar. El trabajo acaba de publicarse en la revista Astronomical Journal.
En el estudio, Kat Volk y Renu Malhotra, ambos del Laboratorio Planetario y Lunar de la Universidad de Arizona, presentan evidencias muy convincentes de la existencia, más allá de Neptuno, de un cuerpo planetario (que tampoco ha sido observado todavía), con una masa que estaría comprendida entre la de la Tierra y la de Marte.


El misterioso objeto, según los autores de la investigación, ha revelado por ahora su presencia solo a través del control que ejerce sobre los planos orbitales de una población de rocas espaciales conocida como KBOs, u objetos del Cinturón de Kuiper, en las gélidas regiones externas de nuestro Sistema Solar.
Mientras que la mayor parte de los KBOs (que son los escombros sobrantes de la formación del Sistema Solar) orbitan alrededor del Sol con unasinclinaciones orbitales que no se salen del promedio de lo que los astrónomos llaman «el plano invariable» de nuestro sistema planetario, los objetos más distantes del cinturón de Kuiper se comportan de un modo muy diferente.
De hecho, Volk y Malhotra descubrieron que sus órbitas se inclinan, como media, hasta unos 8 grados con respecto del plano invariable. En otras palabras, algo de origen desconocido está alterando el plano orbital promedio en el sistema solar exterior.
«La explicación más probable para nuestros resultados -explica Volk, autor principal de la investigación- es que ahí se oculte una masa nunca vista hasta ahora. Según nuestros cálculos, se necesita algo que sea por lo menos tan masivo como Marte para causar las desviaciones que hemos observado».
El cinturón de Kuiper se encuentra más allá de la órbita de Neptuno y se extiende a lo largo de algunos cientos de Unidades Astronómicas (UA). Una UA equivale a la distancia media entre la Tierra y el Sol, cerca de 150 millones de km. Y, lo mismo que sucede con su «primo» del Sistema Solar interior, el cinturón de asteroides que hay entre las órbitas de Marte y Júpiter, también el cinturón de Kuiper alberga un gran número de planetas menores, la mayoría de ellos pequeños cuerpos helados (precursores de cometas), y una pequeña población de planetas enanos.
Para llevar a cabo su estudio, los científicos analizaron los ángulos de inclinación de los planos orbitales de más de 600 objetos en el Cinturón Kuiper con el fin de determinar la dirección común de todos ellos. Los KBOs se comportan, según Malhotra, de forma similar a una peonza: «imagine que tiene usted un enorme número de peonzas girando, y que le da a cada una de ellas un pequeño empujón. Si después toma una foto de las peonzas, verá que sus ejes de rotación siguen diferentes orientaciones, pero como media, apuntarán al campo gravitatorio local de la Tierra». La investigadora asegura que en el caso de los KBOs sucede lo mismo: «Sabemos que los ángulos de inclinación orbital de los KBOs pueden tener orientaciones diferentes, pero su valor promedio estará apuntandoperpendicularmente al plano determinado por el Sol y los planetas más grandes».





De esta forma, los científicos se dieron cuenta de que el valor medio de los planos orbitales de los objetos del cinturón de Kuiper se desviaba de forma significativa del plano invariable. Para Malhotra, «no hay más de un 1 o 2 por ciento de probabilidades de que lo que hemos medido sea fruto de una casualidad estadística».
O, en otras palabras, lo más probable es que el efecto observado se deba a la presencia real de un objeto con una masa similar a la de Marte orbitando al Sol a una distancia de unas 60 Unidades Astronómicas y con una órbita que estará inclinada unos 8 grados con respecto al plano de rotación de los demás planetas del Sistema Solar. Un cuerpo así tendría la suficiente influencia gravitacional como para deformar el plano orbital de los KBOs hasta una distancia de aproximadamente 10 AU a cada lado.
«Los KBOs observados -afirma Volk- se concentran en un anillo de unas 30 UA de ancho y por lo tanto sentirían la gravedad de un planeta así todo el tiempo. Por lo que la hipótesis de una masa planetaria como causa de la desviación observada resulta muy razonable en esas distancias».

No es el Planeta 9

Los datos de los investigadores descartan por completo la posibilidad de que el objeto que se postula en este caso sea en realidad el hipotético «planeta 9», cuya existencia fue sugerida en base a otras observaciones por completo diferentes. El planeta 9, además, sería mucho más grande (alrededor de 10 masas terrestres) y estaría mucho más lejos, a entre 500 y 700 Unidades Astronómicas de distancia.
«Por lo cual -asegura Volk- está demasiado lejos como para ejercer influencia en estos KBOs. Para afectarlos de este modo, el planeta que nosotros sugerimos no debe llegar a las 100 UA de distancia».
Sin embargo, y dado que, por definición, un planeta sólo puede llamarse así si ha conseguido «limpiar» su órbita de planetas menores, como son los KBOs, los autores se refieren, cautelosamente, a un objeto de «masa planetaria». Y los datos no excluyen incluso la posibilidad de que la desviación detectada en los KBOs sea el resultado de la acción de más de un solo objeto.
¿Por qué no se ha encontrado aún ese nuevo mundo? La razón más probable, según Volk y Malhotra, es que aún no hemos explorado todo el cielo en busca de objetos lejanos en el Sistema Solar. Por ejemplo, la zona mas prometedora para encontrar un planeta oculto estaría en el plano galáctico, pero esa región está tan densamente poblada de estrellas que los investigadores tienden a evitarla cuando programan sus búsquedas.
Para Volk, la posibilidad de que no hayamos encontrado aún el objeto que describe en su estudio por culpa de estas limitaciones de los programas de búsqueda se cifra en alrededor del 30%.
La posible alternativa a un objeto invisible que podría haber alterado el plano de los objetos exteriores del cinturón de Kuiper sería la de una estrella que pasó zumbando por el Sistema Solar en algún momento de su historia reciente (en términos astronómicos). «Una estrella de paso -afirma Malhotra- podría arrastrar a todas las peonzas en la misma dirección. Sin embargo, para causar el efecto observado, la estrella en cuestión debería haber pasado extraordinariamente cerca, a no más de 100 Unidades Astronómicas, y aún así su huella en la inclinación de los planos orbitales de los KBOs se habría borrado en los 10 millones de años siguientes, por lo que no consideramos este escenario lo suficientemente realista».
Sea como fuere, parece que nuestro Sistema Solar podría estar mucho más poblado de mundos de lo que creíamos. Planeta 9, planeta 10... ¿Quién da mas? Los número podrían, en solo unos años, crecer hasta cifras que hoy nos resulta difícil imaginar...

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lunes, 19 de junio de 2017

Némesis, la hermana desaparecida del Sol que pudo causar la extinción de los dinosaurios

Astrónomos aseguran que todas las estrellas de tipo solar nacen en parejas, que luego pueden separarse o fundirse

Una fotografía del Sol. Una hipótesis asegura que nació junto a otra estrella de menor tamaño: Némesis - NASA/SDO

El Sol pudo tener una estrella compañera hace 4.500 millones de años. Según un estudio publicado recientemente en el portal ArXiv, y que ya ha sido aceptado en «Monthly Notices of the Royal Astronomical Society», las estrellas similares al Sol siempre nacen en parejas. Esto apoyaría la idea de que en el pasado hubo otra estrella en el Sistema Solar, y que tradicionalmente ha sido conocida como Némesis, porque se le achacó la «responsabilidad» de haber desviado hacia la Tierra al enorme asteroide que causó la extinción de los dinosaurios.
«Estamos diciendo que sí, probablemente hubo una Némesis (la diosa griega de la retribución y la venganza) hace mucho tiempo», ha explicado en un comunicado Steven Stahler, coautor del estudio.
Después de observar la gran nube molecular de la constelación de Perseo, en la que se están formando nuevas estrellas, astrónomos de la Universidad de California (Berkeley, Estados Unidos) y de la Universidad de Harvard (también Estados Unidos) diseñaron un modelo matemático según el cual, el patrón de aparición de estrellas en Perseo solo puede ser explicado si todas las estrellas de tipo solar se forman siempre en parejas.


«Usamos una serie de modelos estadísticos (...) y el único modelo que podría reproducir los datos fue uno en el cual todas las estrellas se forman inicialmente como binarias distantes (o sea, parejas de estrellas)», ha explicado Stahler. Según él, después de la formación, «estos sistemas pueden fundirse o separarse en el plazo de millones de años».
De acuerdo con eso, el Sol habría tenido una pequeña compañera que habría sido la causante del impacto de asteroides y cometas contra la Tierra. Este cuerpo lejano, habría desestabilizado en el pasado la nube de Oort, y habría provocado la entrada de algunos de sus cuerpos en la parte interna del Sistema Solar. Sin embargo, esto es solo una hipótesis, y no cuenta con consenso entre la comunidad científica.
Concepción artística de Némesis atravesndo la nube de Oort

Al margen de Némesis, la idea de que todas las estrellas de tipo solar se forman inicialmente como sistemas binarios distantes tendría muchas implicaciones en las teorías sobre la formación de estrellas y de las galaxias.

Parejas distantes

Las binarias distantes no son como las parejas o tripletes de estrellas que pueden observarse hoy en día, como Sirio o Alpha Centauri, respectivamente. Se trata de estrellas mucho más separadas, que pueden estar a una distancia de más de 500 Unidades Astronómicas (una Unidad Astronómica, o UA, es la distancia que separa el Sol de la Tierra).
De acuerdo con esto, el Sol tuvo una estrella hermana a una distancia 17 veces superior a la que le separa del gigantesco planeta Neptuno, pero esta escapó del Sistema Solar y se perdió entre el resto de estrellas de la Vía Láctea.




«La idea de que muchas estrellas se forman junto a compañeras se ha sugerido durante mucho tiempo. Pero la pregunta siempre ha sido, ¿cuántas?», ha aclarado Sarah Sadavoy, la primera autora del estudio. «Ahora, de acuerdo con nuestro sencillo modelo, decimos que casi todas las estrella se forman junto a una compañera».
Sin embargo, tal como ha aclarado, «la nube de Perseo es considerada como la típica región de formación de estrellas de baja masa, así que ahora nuestro modelo necesita ser puesto a prueba en otras nubes».

El nacimiento de las estrellas

Las estrellas nacen, crecen y mueren. Llegan a la «vida» en el seno de capullos en forma de huevo que se llaman núcleos densos, y que están repartidos dentro de inmensas nubes moleculares. Estas nubes son acumulaciones de hidrógeno que están repartidas por el espacio y que se forman como resultado de la atracción gravitacional. Se puede decir que se comportan como auténticos criaderos estelares: en su interior, el hidrógeno se acumula, se compacta y se calienta, en algunos casos lo suficiente como para activar las reacciones de fusión nuclear que dan vida a las estrellas.
Una nube molecular, cerca de la nebulosa Carina- WIKIPEDIA

Los modelos matemáticos con los que los astrónomos tratan de entender lo que ocurre ahí fuera han concluido en varias ocasiones que el nacimiento de las estrellas ocurre en parejas. Esta idea es apoyada por el hecho de que cuanto más jóvenes son las estrellas, mayor proporción de binarias se encuentran.

Una «cuna» en la constelación de Perseo

Una de estas nubes moleculares está en la constelación de Perseo. La nube está a 600 años luz de la Tierra y mide unos 50 años luz. Pues bien, el año pasado, el telescopio «Very Large Array», situado en Nuevo México (Estados Unidos), exploró la región y llevó a cabo un profundo sondeo junto a otros telescopios para catalogar la población de estrellas más jóvenes, de menos de 4 millones de años de edad, (lo cual es apenas un suspiro en una estrella tipo solar, que puede llegar a vivir unos nueve mil millones de años).
Imagen de radio de un sistema triple formándose en la nube molecular de Perseo- Bill Saxton, ALMA (ESO/NAOJ/NRAO), NRAO/AUI/NSF

Gracias a estos análisis, los científicos averiguaron que las estrellas binarias distantes, que son aquellas parejas que están separadas por más de 500 UAs, son siempre sistemas con estrellas muy jóvenes.
«Esto no se había visto nunca antes, y es súper interesante», ha dicho Sarah Sadavoy. «En realidad aún no sabemos qué significa, pero sí que sabemos que no es aleatorio y que nos debe de estar diciendo algo sobre cómo se forman las estrellas binarias».
Lo más interesante es que la única forma de explicar lo observado es que a medida que los huevos primordiales de las estrellas se contraen, a causa de la gravedad, se van formando dos puntos más densos, que poco a poco dan lugar a dos nuevas estrellas. Por eso, «según esto, las estrellas de tipo solar no nacen individualmente», ha dicho Stahler. Sino que «son el resultado de la separación de las binarias».
En cuestión de pocos años, los últimos instrumentos montados en los telescopios permitirán poner a prueba estas teorías y aprender mucho más sobre la formación de las estrellas. Como es habitual en la astronomía, lo que se observa a cientos de años luz de distancia puede ayudar a entender los orígenes de la Tierra, el Sol y todos los planetas que nos acompañan en nuestro viaje por el Universo.

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miércoles, 14 de junio de 2017

¿Qué ha causado este extraño agujero en Marte?

El pozo fue detectado recientemente por una sonda de exploración de la NASA

No se sabe si es un cráter o un pozo generado por la sublimación o fusión del hielo de CO2 del subsuelo - NASA/JPL-Caltech/Universidad de Arizona

La sonda espacial Mars Reconnaissance Orbiter, que fue la que detectó las huellas de agua líquida en la superficie de Marte, halló recientemente algo inusual en la capa de regolito del planeta rojo.
Tal como publicó la NASA, la cámara de alta resolución a bordo de la sonda (llamada HiRISE) captó una zona de acumulación de dióxido de carbono en el que la evaporación de esta molécula ha generado un curioso patrón de queso suizo. Pero, además de esto, a los científicos les ha sorprendido encontrar un profundo pozo en cuyo fondo se observa también hielo de CO2.
Los investigadores se plantean si se trata de un cráter de impacto o de un pozo formado por la fusión o sublimación del hielo acumulado en el subsuelo del planeta rojo.
Aparte de esta extraña formación, aún pueden quedar muchos rasgos interesantes que ver sobre la superficie de Marte. Aunque la sonda Mars Reconnaissance Orbiter ha mapeado el 99 por ciento de la superficie del planeta, lo ha hecho con su cámara de menor resolución.
Por eso, los rasgos más sutiles de la orografía marciana aún pueden estar por descubrir. Cosa que solo puede lograr de momento la HiRISE, cuyas lentes los científicos dirigen hacia los puntos que consideran de interés.

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sábado, 10 de junio de 2017

El misterioso origen de los siete hermanos Trappist

Proponen una novedosa explicación a la existencia del sistema con siete planetas a 40 años luz de la Tierra

Ilustración de los siete planetas Trappist - NASA/R. Hurt/T. Pyle

El descubrimiento de un sistema compuesto por siete planetas rocosos alrededor de una pequeña estrella, Trappist-1, a 40 años luz de la Tierra, fue recibido con gran expectación el pasado febrero. La razón principal es que al menos tres de esos mundos parecen estar en zona habitable, es decir, a la distancia adecuada de su estrella como para mantener agua líquida en su superficie y, quizás, poder albergar vida. Pero además, la propia existencia de tantos mundos «apiñados» suscitó admiración, ya que parecía ir en contra de las teorías predominantes acerca de la formación planetaria. ¿Cómo se originaron esos hermanos cósmicos?
Hasta ahora, había dos teorías predominantes para la formación de planetas. La primera asume que se forman más o menos en el lugar donde se encuentran. Para Trappist-1, esto es poco probable, ya que el disco del cual se habrían originado sus miembros tendría que haber sido muy denso. La segunda teoría asume que los planetas se forman mucho más lejos en el disco y migran hacia el interior después. Esta teoría también causa problemas con Trappist-1, debido a que no explica por qué sus planetas son todos del mismo tamaño que la Tierra.

Pero un equipo de investigadores de la Universidad de Amsterdam cree en una tercera vía. En su modelo no migran planetas enteros sino rocas. Estas rocas, compuestas mayoritariamente de hielo, están flotando en las regiones exteriores de la estrella. Cuando llegan cerca de la llamada línea de hielo, el punto suficientemente cálido para el agua líquida, reciben una porción adicional de vapor de agua para procesar. Como resultado, se juntan en un protoplaneta. A continuación, ese nuevo mundo se mueve un poco más cerca de la estrella. En su camino arrastra más piedras como si fuera una aspiradora, hasta que alcanza el tamaño de la Tierra. El planeta se mueve entonces un poco más allá y deja espacio para la formación del siguiente planeta.

Hielo derretido

El quid de la cuestión, según los investigadores, es la coagulación de rocas cerca de la línea de hielo. Al cruzar la línea de hielo, las rocas pierden su hielo de agua, pero esta es reutilizada por la siguiente carga de rocas que proviene de las regiones exteriores del disco de polvo. En Trappist-1, este proceso se repitió hasta que se formaron siete planetas.
Los investigadores quieren refinar su modelo con simulaciones por ordenador y esperan que su propuesta suscite discusión entre sus colegas astrónomos. Reconocen que es bastante revolucionaria, ya que las rocas viajan desde la parte exterior del disco a la línea de hielo sin mucha actividad por el medio. «Espero que nuestro modelo ayude a responder a la pregunta sobre lo único que es nuestro propio sistema solar si se compara con otros sistemas planetarios», dice el astrónomo Chris Ormel. autor del estudio. Su trabajo será publicado en la revista Astronomy & Astrophysics.

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martes, 6 de junio de 2017

Marte albergaba un océano mucho más grande de lo que se pensaba hasta ahora (FOTO)

Investigadores de EE.UU. han evaluado la cantidad de agua necesaria para permitir la formación del relieve existente en el planeta rojo y han llegado a conclusiones inesperadas.


Un nuevo estudio dirigido por el profesor de geografía Wei Luo, de la Universidad del Norte de Illinois (EE.UU.), ha demostrado que la superficie del Marte fue en el pasado mucho más acuosa de lo que se pensaba hasta ahora e incluso pudo albergar un gigantesco océano, informa Phys.org. El equipo de Luo ha llegado a esta conclusión tras calcular la cantidad de agua necesaria para 'tallar' la antigua red de valles que existen en el planeta rojo.
Los investigadores desarrollaron algoritmos informáticos para calcular con mayor precisión el volumen del espacio de las cavidades de los valles de Marte y de la cantidad del agua que habría sido necesaria para crearlas a través de la erosión. La mayoría de estos valles tienen más de 3.000 millones de años de antigüedad.

Al realizar estos cálculos, el equipo ha llegado a una conclusión sorprendente. "Nuestras estimaciones más conservadoras del volumen total de la red de valles marcianos y de la cantidad de agua necesaria para tallarlos son al menos 10 veces mayores que la mayoría de las estimaciones anteriores", comenta Luo.
La cantidad estimada de agua necesaria para esculpir los valles es al menos un orden de magnitud mayor que el volumen de océano que se especulaba y es 4.000 veces mayor que el volumen de las cavidades del valle, añade.
"Me imagino un antiguo Marte similar a lo que tenemos en la Tierra, con un océano, lagos, ríos corrientes y precipitaciones", describe el investigador.
Sin embargo, los modelos existentes del clima marciano muestran que el planeta era demasiado frío para la existencia de un ciclo hidrológico activo. Con sus próximos estudios, los investigadores planean resolver esta contradicción.

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miércoles, 31 de mayo de 2017

¿Se equivocó Einstein? Científicos descubren una forma de probar si existe la quinta fuerza

Un equipo de físicos está buscando la hipotética quinta fuerza en el corazón de nuestra galaxia.


Nuestra comprensión del Universo, basada generalmente en la teoría de relatividad de Einstein, postula que el mismo se basa sobre cuatro fuerzas fundamentales: la gravedad, la fuerza electromagnética y la fuerza nuclear, fuerte y débil. Sin embargo, se cree que existe una misteriosa quinta fuerza, que de ser real, nos haría repensar nuestra noción sobre el Universo. 
Ahora, un equipo de investigadores liderado por la astrónoma y profesora Andrea Ghez, de la Universidad de California en Los Ángeles, ha ideado cómo probar si esa fuerza existe mirando en el mismo corazón de nuestra galaxia, reporta Science Alert.
De acuerdo con el medio, la gravedad es un componente más extraño en este grupo de fuerzas fundamentales, puesto que no todo se puede explicar en torno a la misma. Así, se ha demostrado que en el Universo hay más gravedad de lo que puede ser producido por toda la materia visible existente. La materia oscura con la que se suele explicar esta brecha tampoco ayuda mucho para resolver el problema, indica el portal.
La solución podría ser una quinta fuerza que uniría la gravedad a tres fuerzas restantes de una forma inusual. Andrea Ghez y su equipo afirman que el mejor lugar para buscarla sería algún sitio del Universo donde la influencia de la gravedad es tan fuerte que los signos de algo extra serían más fáciles de detectar.
Con lo cual, el equipo cree que al analizar las imágenes extremadamente nítidas del corazón de la Vía Láctea tomadas por el Observatorio Keck en Hawái, se podría rastrear las órbitas de las estrellas que se encuentran cerca del agujero negro supermasivo de nuestra galaxia. Basándose en esas orbitas, los investigadores podrían medir la influencia directa de la gravedad en los movimientos de las estrellas y averiguar si hay alguna fuerza más en juego.
"Si es cierto, es revolucionario", señala el investigador Jonathan Feng, de la Universidad de California en Irvine. "El descubrimiento de una posible quinta fuerza cambiaría completamente nuestra comprensión del Universo".

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Confirman la existencia del horizonte de sucesos, el punto de no retorno de los agujeros negros

Un nuevo estudio apoya su presencia, después de no encontrar pruebas de que los agujeros negros tengan una superficie sólida

Cuando una estrella atraviesa el horizonte de sucesos es engullida y separada del Universo observable para siempre - Mark A. Garlick/CfA

La Teoría General de la Relatividad de Einstein dibuja un Universo extraño, donde la masa de las estrellas de neutrones deforman el espacio-tiempo y curvan los rayos de luz. Donde la materia se acumula en tal cantidad en algunos puntos, que nada puede frenar su colapso total, a causa de la atracción de la gravedad. En esos puntos, llamados agujeros negros, aparece una singularidad cuyos secretos la ciencia no puede explicar. Y en su entorno, la gran acumulación de masa que se forma es capaz incluso de atrapar la luz y desgarrar el tejido del espacio-tiempo. Esta última frontera, a partir de la cual nada, ni siquiera la luz, puede escapar del agujero negro, es conocida como horizonte de sucesos. Es, sin duda, la frontera definitiva.


La propia naturaleza del horizonte de sucesos tiene a los científicos sumidos en la oscuridad, hasta tal punto que este límite sigue siendo hoy en día una frontera teórica. Este martes, un estudio publicado en la revista «Monthly Notices of the Royal Astronomical Society» ha presentado una nueva confirmación de la existencia de este horizonte de sucesos. Científicos de la Universidad de Texas, en Austin (EE.UU.) han simulado qué ocurriría si la superficie de los agujeros negros fuera sólida, y las estrellas chocasen contra ellas en vez de ser engullidas. La investigación, que ha concluido que deberíamos de haber observado las huellas de estas colisiones a través de los telescopios, se ha convertido en una nueva prueba de que la Relatividad de Einstein funciona a la hora de explicar el Universo.
«Nuestra intención era confirmar a través de experimentos la idea del horizontes de sucesos», ha dicho en un comunicado Pawan Kuwar, astrofísico en la Universidad de Texas.

Agujeros negros sólidos

Una forma de hacerlo es tener en cuenta una hipótesis que han planteado algunos científicos, y según la cual en realidad la superficie de los agujeros negros es sólida. ¿Qué pasaría si los agujeros acumularan enormes cantidades de masa pero no colapsaran? Una de las consecuencias es que serían sólidos, y que las estrellas atraídas por ellos no serían engullidas, sino que sencillamente quedarían destruidas en una colisión brutal.
¿Y si en vez de agujeros negros, en el centro de las galaxias hubiera objetos sólidos muy masivos? Las estrellas chocarían contra ellos- Mark A. Garlick/CfA

«No queríamos afirmar que los agujeros tengan una superficie sólida», ha explicado Kumar. «Sino llevar al conocimiento hasta los límites y encontrar evidencias concretas de que, realmente, hay un horizonte de sucesos en los agujeros negros».
¿Cómo saberlo? Si nada puede escapar del horizonte de sucesos, ¿qué pruebas directas podemos obtener de su existencia? Unos astrónomos están tratando de obtener a primera imagen nítida del horizonte de sucesos del agujero negro supermasivo de la Vía Láctea, Sagitario A*. Pero Kumar y su equipo han probado una aproximación distinta: si los agujeros negros fueran sólidos, los telescopios deberían captar las explosiones generadas en los choques de las estrellas. Pero si no se encuentran es porque, en efecto, están rodeados por un horizonte de sucesos.



Explosiones en el espacio

Las simulaciones por ordenador concluyeron que si eso ocurriera, el gas de las estrellas moribundas cubriría el agujero negro durante meses, o quizás años, emitiendo importantes cantidades de energía. Como casi cada galaxia tiene en su centro un agujero negro supermasivo, este fenómeno debería poder verse con cierta frecuencia por ahí fuera.
Después de una colisión, la superficie de los objetos masivos y sólidos brillaría de forma dramática durante meses o años- Mark A. Garlick/CfA
«Estimamos la tasa de caída de estrellas hacia agujeros negros supermasivos», recordó Wenbin Lu, otro de los investigadores que ha participado en el estudio. «Casi cada galaxia tiene uno. Nosotros solo tuvimos en cuenta los más masivos, que superan los 100 millones de masas solares. De estos hay por lo menos un millón, en una distancia de tan solo miles de millones de años».
El telescopio Pan-STARRS, situado en Hawái, recogió datos útiles para saber si estas colisiones estaban ocurriendo en el espacio. Sus lentes observaron un importante área del cielo durante un periodo de 3,5 años, de busca de fenómenos transitorios («transients», en inglés), fenómenos que brillan durante un tiempo corto y luego se desvanecen.
«Nosotros calculamos cuántos de estos fenómenos transitorios habría captado el Pan-STARRS en un periodo de 3,5 años en su zona. Concluimos que debería de haber descubierto diez de ellos para justificar la teoría del agujero negro sólido», explicó Lu.
Pero, ¿cuántos fenómenos transitorios captó el Pan-STARRS? Ninguno.
«Nuestro trabajo implica que algunos agujeros negros, o quizás todos, tienen un horizonte de sucesos, y que la materia que cae en ellos realmente desaparece del Universo observable, tal como hemos considerado durante décadas», ha concluido Narayan. Por eso, ha dicho: «La Relatividad General ha pasado otra prueba». Por si acaso, estos investigadores usarán un telescopio más potente para seguir buscando este tipo de fenómenos transitorios.

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