martes, 22 de mayo de 2018

Encuentran en el Sistema Solar un objeto que no debería estar allí

El asteroide comparte órbita con Júpiter, pero se mueve de manera "retrospectiva", lo que confirma su origen interestelar.


Un grupo de científicos ha publicado este lunes un nuevo estudio sobre un asteroide interestelar detectado en nuestro Sistema Solar, informa Space.com. En octubre del año pasado fue encontrado un objeto similar, al que bautizaron Oumuamua, que simplemente está cruzando nuestro espacio planetario.
Pero este otro intruso interestelar, denominado 2015 BZ509, no está aquí simplemente para atravesar el Sistema Solar, sino para quedarse, como ha demostrado el nuevo estudio. El trabajo ha dado a conocer que el cuerpo está compartiendo órbita con Júpiter desde la 'infancia' de nuestro sistema planetario, es decir, hace 4.500 millones de años.


Sin embargo, a diferencia del quinto planeta, este inmigrante interestelar tiene una órbita "retrospectiva", lo que significa que 2015 BZ509 orbita alrededor del Sol en la dirección opuesta a la de Júpiter y la de la Tierra, así como a la de la mayoría de los cuerpos del Sistema Solar.

El asteroide 2015 BZ509 captado 'viajando' por el espacio / C. Veillet / Large Binocular Telescope Observatory

"Cómo llegó el asteroide a moverse de esta manera compartiendo al mismo tiempo la órbita de Júpiter ha sido un misterio hasta ahora", comentó el astrónomo Fathi Namouni, del observatorio Côte d'Azur en Francia, y autor principal del trabajo.

El investigador añadió que si 2015 BZ509 fuera nativo de nuestro sistema planetario se movería en la misma dirección original que el resto de planetas y asteroides, y asegura que la única explicación de su inusual movimiento es que fue "capturado" desde otro sistema planetario.
Los investigadores afirman que el Sistema Solar puede albergar a otros 'intrusos interestelares' parecidos a 2015 BZ509 debido a que hace miles de millones de años, cuando nuestro sistema aún no estaba completamente formado, este tipo de 'intrusiones' eran mucho más comunes.

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martes, 15 de mayo de 2018

Hallan un 'monstruoso' agujero negro que devora una masa igual a la del Sol cada dos días

El gigantesco cuásar posee una luminosidad superior a la de una galaxia entera y emite una cantidad de luz ultravioleta y rayos X que podrían destruir toda la vida existente en la Tierra.


Expertos de la Escuela de Investigación de Astronomía y Astrofísica de la Universidad Nacional de Australia han descubierto el agujero negro con la mayor velocidad de expansión del que se tenga conocimiento y que devora una masa equivalente a la del Sol cada dos días, informa el sitio oficial de la institución.
La investigación de este fenómeno se remonta a la 'edad oscura' del universo, hace más de 12.000 millones de años, cuando el gigantesco agujero negro, también considerado como cuásar, ya tenía un tamaño 20.000 millones de veces mayor al del Sol, según estiman los astrónomos.


Luminosidad monstruosa

"Si tuviésemos a este monstruo ubicado en el centro de nuestra Vía Láctea", el agujero negro se percibiría desde la Tierra como "diez veces más brillante que una luna llena" y su radiante luz taparía "a todas las estrellas del firmamento", indicó el doctor Christian Wolf, el autor principal del estudio.
La gran luminosidad del cuásar, superior a la de una galaxia entera, se debe a que crece a gran velocidad y se traga diariamente una enorme cantidad de gases que generan un elevado nivel de fricción y calor. Así, en caso de estar ubicado cerca de la Tierra, su abrasiva luz ultravioleta junto a sus emisiones de rayos X imposibilitarían la vida sobre nuestro planeta.

Albores del universo

El cuásar fue descubierto mediante el telescopio SkyMapper de la Escuela de Investigación de Astronomía y Astrofísica de la Universidad Nacional de Australia, que detectó la luz de este fenómeno astronómico en un rango cercano al infrarrojo, con la ayuda del satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea.
El descubrimiento de un agujero negro "que adquirió un tamaño tan grande y con tanta velocidad durante la edad temprana del universo" podría ser de gran utilidad para investigar la formación de elementos en las galaxias más jóvenes, concluyó el doctor Wolf.

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jueves, 10 de mayo de 2018

La Vía Láctea es aún más grande de lo que se pensaba

A la velocidad de la luz, tardaríamos 200.000 años en atravesar el disco de nuestra galaxia

La región del disco galáctico que se conociá hasta ahora. La investigación extiende sus límites exteriores hasta mucho más lejos, con una probabilidad del 99,7% o 95,4% de que haya estrellas en regiones fuera de los círculos. El punto amarillo señala la posición del Sol - R. Hurt, SSC-Caltech, NASA/JPL-Caltech/Roadmap to the Milky Way

Imagine por un momento que tuviéramos una nave espacial tan potente que nos permitiera viajar a la velocidad de la luz. E imagine que nos embarcamos en un crucero sin escalas por nuestra galaxia, la Vía Láctea. Pues bien, nosotros, pobres mortales, no seríamos capaces de llegar muy lejos. Porque vivimos en una galaxia enorme que, según han calculado investigadores españoles, alcanza unos escalofriantes 200.000 años luz de diámetro. Es decir, sus fronteras está mucho más lejos de lo que se creía.


Las galaxias espirales, como la nuestra, se caracterizan por poseer un disco de escaso grosor donde se encuentran la mayor parte de las estrellas. Estos discos tienen un tamaño limitado y, a partir de cierta distancia, ya casi no hay estrellas.

En la Vía Láctea, no se tenía constancia de que hubiera estrellas de disco a distancias del centro mayores que dos veces la del Sol. Es decir, se pensaba que nuestra estrella más cercana se encontraba situada a la mitad del radio galáctico. Sin embargo, sí las hay y bastante más lejos, a más del triple de esa distancia. Incluso, como indican los autores del estudio, es probable que algunas superen el cuádruple de esa distancia.


«El disco de nuestra galaxia es enorme: de unos 200 mil años-luz de diámetro», señala Martín López-Corredoira, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y primer autor del artículo, publicado recientemente en la revista Astronomy & Astrophysics y en el que han colaborado también investigadores del Observatorio Astronómico Nacional de China (NAOC).

A grandes rasgos, las galaxias como la Vía Láctea están compuestas por un disco, en el que giran unos brazos espirales, y un halo, con forma esférica, que lo envuelve. En la elaboración de esta investigación se han comparado las abundancias de metales en las estrellas en el plano galáctico con las del halo, para encontrar que hay mezcla de halo y disco hasta las grandes distancias indicadas.

Los investigadores han alcanzado estas conclusiones tras realizar un análisis estadístico de datos cartografiados de APOGEE y LAMOST, dos proyectos que obtienen espectros de estrellas, es decir, información sobre su velocidad y composición química. «Usando el contenido en metales de las estrellas de los catálogos, con la combinación de atlas espectrales de alta calidad como APOGEE y LAMOST, y la distancia a la que sitúan los objetos, hemos comprobado que hay una fracción apreciable de estrellas más allá de donde se suponía que acaba el disco de la Vía Láctea», explica Carlos Allende, investigador del IAC y coautor de esa publicación.


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miércoles, 9 de mayo de 2018

¿Por qué se convirtió la Tierra en una enorme «bola de nieve»?

Un estudio afirma que la razón fue el comienzo de la tectónica de placas, que tuvo lugar miles de millones de años después de lo que se pensaba

Durante su periodo de «bola de nieve», la Tierra tuvo un aspecto muy parecido al que tiene hoy la luna Encelado, de Saturno - NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute

Un equipo de investigadores de las universidades de Texas en Austin y UT Dallas acaba de presentar una atrevida hipótesis que relaciona el comienzo de la tectónica de placas con la etapa de «bola de nieve» de la Tierra, un periodo de drástico cambio climático que congeló completamente nuestro planeta durante varios millones de años.

Los científicos sabían de antemano que sus ideas generarían una agria polémica. Los geólogos, en efecto, suelen situar el inicio de la tectónica de placas hace unos 3.000 millones de años, mientras que la nueva hipótesis sostiene que ese proceso comenzó en tiempos mucho más recientes, en un periodo conocido como Neoproterozóico, que abarca entre hace 542 y 1.000 millones de años.
«Si nos fijamos e las evidencias que se han conservado -explica Nathaniel Miller, coautor de la investigación- resulta evidente la idea de una tectónica de placas moderna, principalmente neoproterozoica e incluso más joven. Pero la mayoría de la gente cree que eso sucedió mucho antes en la historia de la Tierra».

Para llegar a estas conclusiones, Miller y Robert Stern, profesor en el Departamento de Geociencias de UT Dallas, examinaron un conjunto de datos científicos publicados sobre la actividad geológica durante el Neoproterozoico, la era en que la Tierra se convirtió en una «bola de nieve», y encontraron un vínculo entre la tectónica de placas y un mundo que se estaba enfriando rápidamente. El trabajo se publicó en diciembre del pasado año en la revista «Terra Nova».



La Tierra, planeta único

En todo el Sistema Solar, la Tierra es el único planeta que tiene placas tectónicas, con su corteza y manto superior formados por distintas piezas que se mueven lenta e independientemente, creando y destruyendo continentes, cadenas montañosas y volcanes y produciendo terremotos a medida que esas piezas interaccionan.

De hecho, la tectónica de placas es uno de los procesos más transformadores de cuantos suceden en nuestro planeta, y los geólogos creen que ese proceso ha estado activo durante la mayor parte de los 4.500 millones de historia de nuestro mundo. Sin embargo, según Miller y Stern, existe toda una variedad de rastros y evidencias en el registro geológico que podrían ser consistentes con la idea de que la tectónica de placas no comenzó hasta una época mucho más reciente. 

Por ejemplo, todas las formaciones rocosas, piedras preciosas y firmas químicas que se sabe están relacionadas con la tectónica de placas datan del Neoproterozoico. E incluso las simulaciones informáticas indican que la Tierra no se enfrió hasta las temperaturas requeridas para la actividad tectónica hasta ese periodo. Los autores también hacen notar que el intervalo geológico que precede al Neoproterozoico adolece de una falta casi completa de actividad geológica, una característica que le ha valido el apodo de «los aburridos mil millones de años» y que podría indicar que, en esos momentos, toda la Tierra estaba cubierta por una única y continua capa de roca en lugar de por las múltiples placas que se observan en la actualidad.

¿Llevó la geología a un enfriamiento global? 

Dado que estas «pistas» de la actividad tectónica se superponen en el tiempo con el fenómeno conocido como «Tierra bola de nieve», los investigadores empezaron a preguntarse si existía algún tipo de relación entre ambas cosas, como por ejemplo que el paso de una Tierra con corteza única a otra con muchas placas hubiera podido desencadenar un drástico periodo de enfriamiento global. 

«Esta crisis climática -asegura Stern- podría haber sido ocasionada por toda una serie de acontecimientos, pero sin duda la gran causa fue esta auténtica revolución en el estilo tectónico de la Tierra». 

El artículo enumera hasta 22 formas diferentes en que la puesta en marcha de la tectónica de placas podría haber provocado un enfriamiento global tan drástico que el mundo entero, de polo a polo, se vio cubierto por una gruesa capa de hielo. Entre esas causas, destacan el surgimiento de volcanes explosivos, cuyas emisiones de azufre contribuyen al enfriamiento, el cambio de orientación del eje del planeta provocado por la ruptura de la capa rocosa única, o el aumento de meteorización de las rocas, proceso que empuja CO2, un conocido gas de efecto invernadero, a la atmósfera. 

En su estudio, los investigadores también consideraron las posibles razones «no tectónicas» para el enfriamiento, muchas de ellas de origen espacial, como el impacto de múltiples asteroides o el colapso de los anillos de hielo que podrían haberse formado alrededor del planeta. Si esas fueran las causas reales de que la Tierra se convirtiera en una bola de nieve, la hipótesis de Stern y Miller se vendría abajo. Pero no existen evidencias que confirmen que fueron esos, y no otros, los desencadenantes de la congelación masiva de nuestro planeta. 

Si bien todos los posibles mecanismos de enfriamiento han sido descritos previamente en otros artículos de investigación, Stern asegura que su trabajo (y el de Miller) es el primero en plantear la posibilidad de que cada uno de esos mecanismos esté, en realidad, relacionado con la transición a la tectónica de placas, una idea que él describe como «radical». 

«Durante mucho tiempo -afirma Stern- la gente ha estado diciendo que siempre ha habido placas tectónicas... pero creo que eso podría ser producto de la imaginación». 

Una hipótesis entre otras 

Otros investigadores, por supuesto, no comparten la teoría de Stern y Miller. Como por ejemplo Graham Shields, profesor de Geología del University College, de Londres, quien afirma se necesitan más evidencias antes de poder afirmar que el efecto «bola de nieve» está vinculado al inicio, y no solo a un momento, de la tectónica de placas. «¿Cómo podemos distinguir su hipótesis de inicio tectónico de otras hipótesis -afirma el científico- muchas de las cuales, además, también están relacionadas con la tectónica y el ciclo bien establecido de los supercontinentes?».

Los autores, sin embargo, se defienden de las críticas señalando que su trabajo solo presenta un posible escenario de la historia de la Tierra, y que, efectivamente, se necesita más investigación para probar definitivamente el vínculo entre el comienzo de la tectónica de placas y la Tierra «bola de nieve».


«En nuestro campo -concluye Stern- las revoluciones no ocurren a menudo o fácilmente. Primero siembras ideas, y luego vas y buscas más datos que las apoyen o que las rechacen».

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Astrónomos fotografían por casualidad lo que parece ser un planeta bebé

El extraño acompañante gira alrededor de una estrella binaria a 600 años luz de la Tierra

Imagen infrarroja de la estrella binaria CS Cha con el planeta recién descubierto en el círculo - C. Ginski y ESFERA

Mientras examinaban el disco de polvo de la joven estrella binaria Cs Cha, a 600 años luz de la Tierra, un equipo internacional de astrónomos ha descubierto por casualidad que esta tiene un pequeño compañero. Los investigadores sospechan que se trata de un planeta en su infancia que aún está creciendo. Los hallazgos aparecerán publicados en la revista Astronomy & Astrophysics.
La estrella binaria CS Cha y su pequeño mundo se encuentran en un área de formación estelar en la constelación del sur del Camaleón. La estrella doble tiene solo dos o tres millones de años, lo que significa que todavía es joven. En el borde de las imágenes tomadas por el European Very Large Telescope en Chile, los investigadores observaron un pequeño punto. Comparando con las fotos con otras de hace una o dos décadas del mismo instrumento y del Telescopio Espacial Hubble, los astrónomos pudieron demostrar que el compañero se mueve con la binaria y que pertenecen juntos.


No está claro cuál es el aspecto de ese acompañante y cómo se formó. Los investigadores trataron de obtener algunos modelos de las observaciones, pero tienen una certeza del cien por cien. El misterioso objeto puede ser una pequeña estrella enana marrón, pero también puede ser un gran súper Júpiter.

«La parte más emocionante es que la luz del acompañante está muy polarizada, y sospechamos que está rodeado por su propio disco de polvo. La parte difícil es que apenas podemos fijar su masa. Entonces podría ser una enana marrón pero también un súper Júpiter en sus primeros años. Los modelos clásicos de formación de planetas no pueden ayudarnos», explica Christian Ginski, del Observatorio de la Universidad de Leiden (Holanda) y autor principal del estudio.
En el futuro, los investigadores quieren examinar la estrella y el acompañante con más detalle. Para ello, pretenden utilizar el telescopio internacional ALMA en la meseta de Chajnantor en los Andes del norte de Chile.

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jueves, 26 de abril de 2018

¿Qué pasará cuando se inviertan los polos magnéticos de la Tierra?

Estas son las consecuencias de un fenómeno que ya ha ocurrido otras veces y que volverá a ocurrir

El campo magnético de la Tierra - Fotolia

Es muy sencillo usar una brújula. La aguja siempre apunta hacia el Norte. Ocurre porque la Tierra es, en sí misma, un gran imán. Nuestro planeta genera su propio campo magnético. Es muy débil, pero lo suficiente como para hacer funcionar ese maravilloso y sencillo instrumento, que en el pasado se creía animado por la estrella polar o por unas misteriosas islas magnéticas situadas en el Ártico. El campo magnético también sirve a buen número de especies para orientarse y llevar a cabo sus migraciones y, además, ejerce un papel protector sin el cual, seguramente, no estaríamos aquí. Impide que las partículas cargadas de alta energía procedentes del Sol nos den de lleno, provocando cuantiosos daños en nuestras tecnologías.
El campo magnético terrestre está provocado por la existencia dinámica de una gran masa de hierro y níquel a unos 3.400 km de profundidad. No está fijo. En realidad, cambia constantemente de intensidad y dirección. Desde hace unos 2.000 años, se va debilitando, una tendencia que se ha acelerado desde 1840 y que, en realidad, los científicos no comprenden en su totalidad. Lo que sí saben con seguridad es varía con el tiempo, motivo por el cual el polo norte magnético no coincide exactamente con el polo norte geográfico (que sí coincide con el eje de rotación terrestre).


Los científicos han estudiado con detalle esta desviación desde hace mucho tiempo. Las observaciones indican que, en las últimas décadas, se está produciendo un movimiento acelerado del polo magnético y que en la actualidad se desplaza a un ritmo de unos 50 km cada año. Es decir, 125 metros cada día. Si sigue así, en unos 50 años, el polo norte alcanzará las estepas de Siberia, en Rusia.


Pero, ¿podría producirse una repentina inversión de los polos? Pues sí, sin duda. De hecho, ya ha pasado antes numerosas veces (la última hace unos 780.000 años), como los científicos han podido saber gracias al estudio de rocas antiguas. Y ha ocurrido sin seguir un patrón definido y presentando distintas duraciones (unos miles de años). Durante la inversión, el campo magnético se vuelve inestable y su intensidad más débil hasta que, nuevamente, vuelve a crecer poco a poco en sentido invertido. ¿Por qué? Las causas exactas todavía son un misterio.

Sin protección

Cuándo sucederá de nuevo es algo que no podemos saber, pero podría ser pronto en términos geológicos, unos miles de años. La rapidez del debilitamiento de la intensidad del campo magnético terrestre que ocurre en la actualidad junto a la aceleración del movimiento del polo, ha llevado a especular con la posibilidad de que vaya a producirse otra inversión. ¿Y qué consecuencias tendrá? ¿Una catástrofe global?
No existen evidencias de que las inversiones de polaridad ocurridas con anterioridad hayan provocado grandes catástrofes naturales ni hayan amenazado la supervivencia humana. Como el proceso de inversión ocurre a escalas de tiempo mucho mayores que la vida de los animales, las especies migratorias podrían adaptarse paulatinamente a los cambios. Ahora bien, el Homo sapiens actual depende profundamente de la tecnología, y ese puede ser su telón de Aquiles. En una inversión magnética, durante un corto espacio de tiempo, el campo sería inexistente. No podría protegernos contra las radiaciones cósmicas o las tormentas solares, lo que podría arruinar nuestras redes eléctricas y satélites. Claro que, cuando ocurra, quizás ya dispongamos de los medios técnicos necesarios para afrontar sus efectos. En definitiva, no tiene por qué ser un apocalipsis. Los polos se han invertido ya en una veintena de ocasiones y el mundo ha seguido girando.

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¿Puede la gravedad «filtrarse» a otras dimensiones?

Investigadores de Princeton tratan de comprobar a través de las ondas gravitacionales si pueden existir más dimensiones de las que conocemos

La ilustración muestra la luz y las ondas gravitacionales emitidas por la colisión de dos estrellas de neutrones, detectada en 2017 - Fermilab

Un equipo de investigadores de la Universidad de Princeton ha tratado de comprobar si, tal y como sostienen algunas teorías, la fuerza de la gravedad es capaz de "filtrarse" a otras dimensiones diferentes de las tres que conocemos.

Para ello, los científicos han analizado al detalle las ondas gravitacionalesgeneradas por la colisión de dos estrellas de neutrones y detectadas en noviembre de 2017. Y aunque no han encontrado evidencias de que tal filtración se produzca, admiten que la cuestión sigue abierta. El trabajo aparece publicado en arxiv.org.
Según un buen número de teorías, nuestra realidad tridimensional (izquierda/derecha, delante/detrás y arriba/abajo) podría formar parte de un Universo con toda una serie de dimensiones superiores que nos resultan imposibles de observar de forma directa.
Sin embargo, para el astrofísico David Spergel, de la Universidad de Princeton y coautor de la investigación, "la gravedad podría ser capaz de introducirse y explorar esas otras dimensiones".
La existencia de dimensiones adicionales podría ayudar a resolver más de un misterio de la física, como por ejemplo la existencia de materia oscura, cinco veces más abundante que la materia ordinaria que forma galaxias y estrellas y que aún no se ha podido detectar directamente, o de la energía oscura, la misteriosa y descomunal fuerza que obliga al Universo a expandirse cada vez más deprisa.


La existencia de dimensiones adicionales podría ayudar a resolver más de un misterio de la física, como por ejemplo la existencia de materia oscura, cinco veces más abundante que la materia ordinaria que forma galaxias y estrellas y que aún no se ha podido detectar directamente, o de la energía oscura, la misteriosa y descomunal fuerza que obliga al Universo a expandirse cada vez más deprisa.
Por eso, para buscar cualquier indicio de "filtración" de la gravedad a dimensiones superiores, los investigadores recurrieron tanto a la luz como a las ondas gravitacionales emitidas por la colisión de dos estrellas de neutrones, detectadas el 17 de agosto del pasado año. El análisis de la luz permitió identificar la galaxia donde la fusión se había producido y determinar su distancia de la Tierra.
De esta forma, Spergel y sus colegas pudieron calcular la fuerza que deberían tener las ondas gravitacionales emitidas desde esa distancia. Si las ondas detectadas hubieran sido más débiles de lo esperado, habría sido una prueba de que "algo" les estaba robando la fuerza que les faltaba. O de que, efectivamente, una parte de esa fuerza se filtraba a otra dimensión.
Sin embargo, la fuerza con la que llegaron hasta nosotros esas ondas gravitacionales fue exactamente la que se esperaba. Ninguna otra dimensión las estaba debilitando. Por lo menos en esa escala de distancias...
Toda una serie de teorías, en efecto, predicen la existencia de dimensiones adicionales del espacio-tiempo en las que la gravedad podría filtrarse, pero Spergel explica que su estudio sólo puede aplicarse a las dimensiones extra más "grandes", ya que la longitud de las ondas gravitacionales detectadas es de varios miles de km y en ningún caso podrían verse afectadas por otras dimensiones que solo se manifiestan a nivel subatómico, es decir, en escalas increíblemente pequeñas.

Dimensiones grandes

A pesar de estos resultados negativos, la "puerta" a otras dimensiones sigue abierta. En el año 2000, por ejemplo, un grupo de físicos, encabezados por Georgi Dvali, predijo un tipo concreto de dimensiones "grandes". Y, según ellos, los efectos de la gravedad "filtrándose" en tales dimensiones solo sería apreciable en distancias muy grandes y resultaría indetectable a pequeña escala, como por ejemplo en nuestro sistema solar, donde todo se comporta como si solo existieran las tres dimensiones habituales.
Ahora bien, la colisión de las dos estrellas de neutrones de 2017 se produjo a 65 millones de años luz de distancia, y el hecho que que Spergel y su equipo no lograran detectar filtración alguna podría deberse a que se necesitan distancias aún mayores para que la "filtración" de la gravedad predicha por la teoría se manifieste.
Puede que, para comprobarlo, sea necesario esperar a detectar ondas gravitacionales mucho más lejanas, quizá incluso las originales, emitidas hace 13.700 millones de años por el Big Bang. Algo que, por ahora, parece fuera de nuestro alcance.
Por tanto, escriben con resignación los investigadores en su artículo, el número de grandes dimensiones observadas sigue estando limitado a las tres que conocemos.

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miércoles, 25 de abril de 2018

Observan la fusión de 14 galaxias poco después del Big Bang

La inminente colisión, ocurrida a 12.400 millones de años luz, dará lugar a uno de los objetos más grandes del Universo

Impresión artística de las catorce galaxias detectadas por ALMA - NRAO / AUI / NSF; S. DAGNELLO

Resulta increíble pensar que algo tan colosal podría haberse formado tan temprano en la historia del Universo, pero así es. Un equipo internacional de astrónomos ha sido testigo de los inicios de una gigantesca aglomeración cósmica, la inminente colisión de catorce jóvenes galaxias ocurrida cuando el Universo tenía solo 1.400 millones de años, una décima parte de su edad actual. La concentración, ocurrida mucho más cerca del Big Bang en el tiempo de lo que se creía posible, está destinada a convertirse en una de las estructuras más masivas del Cosmos: un colosal cúmulo de galaxias.
Durante un estudio de una región del cielo, el Telescopio del Polo Sur detectó unas débiles manchas de luz. Para esclarecer de qué se trataban, los científicos recurrieron al telescopio ALMA en el desierto de Atacama, en Chile. De esa forma, descubrieron a unos 12.4000 millones de años luz de distancia una concentración sorprendentemente densa de al menos catorce galaxias a punto de fusionarse, lo que se conoce como un protocúmulo.
El conjunto tiene una actividad frenética. Sus galaxias forman estrellas mil veces más rápido que la nuestra, la Vía Láctea. Si aquí nace tan solo una estrella al año, allí nacen miles, abarrotadas dentro de una región del espacio de 130 kiloparsecs de diámetro, aproximadamente tres veces el tamaño de la Vía Láctea. El cúmulo de galaxias resultante rivalizará con algunos de los cúmulos más masivos que vemos en el Universo hoy en día.


«Atrapar un cúmulo de galaxias masivo es algo spectacular en sí mismo», afirma Scott Chapman, astrofísico de la Universidad Dalhousie en Halifax, Canadá, y uno de los autores del estudio que este miércoles publica la revista «Nature». «Pero, el hecho de que esto suceda tan temprano en la historia del Universo plantea un desafío formidable a nuestra comprensión actual de la manera en que se ha formado», explica.Un hallazgo desconcertante

Durante los primeros millones de años de historia cósmica, la materia normal y la materia oscura comenzaron a acumularse en concentraciones cada vez mayores, dando lugar eventualmente a cúmulos de galaxias, los objetos más grandes en el Universo conocido. Con masas comparables a un millón de millones de soles, los cúmulos pueden contener hasta mil galaxias, grandes cantidades de materia oscura, enormes agujeros negros y gases que emiten rayos X que alcanzan temperaturas de más de un millón de grados.
Un grupo de galaxias fusionándose y en interacción en el universo temprano - ESO/M. Kornmesser

Pero la teoría actual y los modelos computacionales sugieren que los eventos tan masivos como el observado por ALMA deberían haber tardado más en evolucionar. «Cómo este conjunto de galaxias se hizo tan grande tan rápido es un misterio, no se acumuló gradualmente durante miles de millones de años, como podrían esperar los astrónomos», explica Tim Miller, investigador en la Universidad de Yale.
También para Iván Oteo, de la Universidad de Edimburgo, y coautor del estudio, el hallazgo ha sido algo inesperado. «Se cree que la duración de los brotes de formación estelar polvorientos es relativamente corta, ya que consumen el gas a un ritmo extraordinario. En cualquier momento, en cualquier rincón del Universo, estas galaxias suelen ser minoría. Por lo tanto, encontrar numerosos brotes de formación estelar polvorientos brillando al mismo tiempo de ese modo es muy desconcertante, y algo que todavía necesitamos comprender», explica.
Los investigadores creen que esta colección de galaxias probablemente crecerá y evolucionará a lo largo de miles de millones de años. «Con el tiempo, las catorce galaxias que observamos dejarán de formar estrellas y colisionarán y se fusionarán en una única galaxia gigante», apunta Chapman.

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jueves, 5 de abril de 2018

Los científicos predicen que un segundo 'Big Bang' destruirá el universo

Un estudio recién publicado por científicos de la Universidad de Harvard señala que la desestabilización del misterioso bosón de Higgs puede liberar una enorme cantidad de energía capaz de tragarse todo lo que encuentre a su paso.

Nebulosa de la Burbuja, también llamada NGC 7653, ubicada cerca de 8000 años luz del Sistema Solar
NASA / ESA / Hubble Heritage Team

Los físicos de la Universidad de Harvard parecen tener ya la fecha del fin del universo. Y aseguran también saber cómo se producirá este. Lo revelan en un estudio publicado en la revista Physical Review D.
¿Cómo será el adiós de nuestro universo? Los científicos afirman que el responsable de su destrucción será el bosón de Higgs, también conocido como la 'partícula de Dios'. Se trata de una pequeña entidad subatómica que, según el Modelo Estándar, da masa a otras en el universo.
La 'partícula de Dios' fue descubierta gracias al Gran Colisionador de Hadrones (GCH) en el año 2012, casi 50 años después de que Peter Higgs planteara su existencia. Según los especialistas de Harvard, si el bosón se desestabiliza, liberará una enorme burbuja de energía que se tragará absolutamente todo lo que halle su paso, incluida la Tierra. El bosón puede provocar una gran exposición, similar a 'Big Bang'. De tal manera que el universo podría desparecer de la misma forma en que se creó.


Quizás ustedes se estén preguntando cuándo ocurrirá. Por el momento no hay motivos para el pánico, ya que queda aún mucho tiempo. Los científicos calculan que ese 'Big Bang' podría ocurrir dentro de 10 elevado a 139 años a partir de este momento.
Para determinar la fecha se ha tomado como base el tamaño del universo y la velocidad de  destrucción. Al mismo tiempo los expertos hacen hincapié en que la fecha puede cambiar. Existe la posibilidad de que el proceso haya empezado ya en algún lugar del universo y no lo sepamos.  Según los investigadores, la curvatura del modelo espacio-tiempo alrededor de un agujero negro podría impulsar el colapso.
"El universo puede durar mucho tiempo, pero eventualmente, debería producirse un 'boom'", concluye el físico Joseph Lykken, que trabajó en la materia con el recientemente fallecido Stephen Hawking, recoge New York Post.

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¿Venus habitable?: Sugieren que hay vida en la atmósfera del segundo planeta

La presencia de microorganismos a 50 kilómetros de altura sobre la superfice venusiana es hoy la hipótesis que investigan los científicos.

El planeta Venus, visto a través de una secuencia de imágenes del Observatorio Dinámico Solar (SDO).
nasa.gov

Aunque la superficie de Venus es un lugar hostil para la vida, dadas sus altas temperaturas y enorme presión atmosférica, las nubes de ese vecino planeta podrían albergar microorganismos, según un nuevo estudio, publicado en la revista Astrobiology.
Esta suposición se asienta indirectamente en las conclusiones a las que llegaron en 2016 científicos de la NASA, tras crear modelos informáticos del clima de Venus. Dijeron entonces que ese planeta pudo albergar formas de vida hace 2.000 millones de años, cuando posiblemente contó con un océano líquido y poco profundo y, por tanto, con una superficie adecuada para la vida.
Hoy en día, sin embargo, las temperaturas exceden allí los 450 grados centígrados y la presión atmosférica es 92 veces mayor que la terrestre.


Aun así, un grupo internacional liderado por el astrofísico Sanjay Limaye, de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.), ha sugerido que los microorganismos que habitaban sobre la superficie en aquel entonces pudieron subir a las nubes cuando empeoraron las condiciones.
Los investigadores creen que los microbios podrían haber subido al evaporarse el agua de la superficie de Venus, y como ejemplo de esa posibilidad esgrimen el descubrimiento de bacterias en la atmósfera terrestre, a una altitud de 41 kilómetros.
"En la Tierra sabemos que la vida puede reproducirse en ambientes ácidos, alimentarse con dióxido de carbono y producir ácido sulfúrico", señaló el bioquímico Rakesh Mogul, coautor del estudio, reza el comunicado de la Universidad de Wisconsin.
Se subraya allí que la atmósfera de Venus, nublada, altamente reflectante y ácida, está compuesta principalmente de dióxido de carbono y pequeñas gotas de agua que contienen ácido sulfúrico.

Alturas habitables

Los científicos consideran como posibles zonas de existencia de microorganismos las manchas oscuras en las nubes de Venus. Las observaciones espectroscópicas, particularmente en ultravioleta, revelan que esas manchas están compuestas de ácido sulfúrico concentrado y otras partículas desconocidas, que absorben la luz. Esas manchas guardan consistencia por unos días y luego cambian de forma.
En el estudio se mencionan investigaciones anteriores que apoyan la hipótesis de la existencia de condiciones apropiadas para la vida a una altitud de unos 50 km sobre la superficie de Venus, donde las temperaturas fluctúan entre 0 y 60 grados centígrados y la presión es de entre 0,4 y 2 atmósferas.
Para confirmar o desmentir las suposiciones de este nuevo estudio, habrá que tomar muestras de las atmósfera de Venus, algo que pudiera hacerse realidad mediante la Plataforma Maniobrable para la Atmósfera de Venus (VAMP, por sus siglas en inglés), que previsiblemente formaría parte de un proyecto conjunto entre la NASA y la misión rusa Venera-D, fechado para la segunda mitad de la próxima década.

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